Inicio arrow Revista Unidos arrow Revista Unidos N° 03, agosto de 1984 arrow 07. La UCR de la victoria: el Alfonsinismo

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07. La UCR de la victoria: el Alfonsinismo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Norberto Ivancich   

 

 

El primer objetivo del artículo consiste en describir una corriente de renovación política dentro de la Unión Cívica Radical desde el momento en que esta fuerza es derrotada electoralmente por el peronismo en febrero de 1946; analizando de qué sector surge, en definitiva, el Movimiento de Renovación y Cambio, que pasa a expresar en 1983 la política con más capacidad de vencer en elecciones libres al Justicialismo.El segundo objetivo es analizar las diferencias evidentes entre esta “nueva” UCR y el Justicialismo en el proceso electoral y tratar de comprender qué valores políticos funcionaron en la Argentina en la polarizada opción electoral del 10 de octubre.Por último trataré de definir las características globales de la política radical en el gobierno, la tradicional y la “renovada”, vinculándola a las dos etapas visibles en sus primeros seis meses de gestión: gobernar por sí mismos y la concertación política expresada en el documento suscripto por la mayoría de los partidos en el mes de junio.Aunque el tema es la UCR, implícitamente, como personaje político que impregna el análisis, está d peronismo, ya que las etapas vividas por la UCR desde su alvearización en la década infame, muestran similitudes y diferencias que tratarán de ser explicitadas, vinculadas a esta nueva etapa de este movimiento que convocó el 40% del electorado argentino en 1983. 

I. La derrota radical de febrero de 1946

Es imposible comprender la derrota del frente político llamado Unión Democrática (UCR, PS, PDP, PC y el respaldo del conservadorismo) sin tener en cuenta dos fenómenos: 1) el surgimiento de una nueva convocatoria nacional realizada desde el gobierno militar por el coronel Perón que comprendió las características nuevas existentes en la Argentina y su inserción en el mundo y 2) la incapacidad de la mayoría de los sectores políticos argentinos de comprender esa nueva realidad y por lo tanto levantar banderas anacrónicas o meramente formales a esta nueva convocatoria.

La UCR, por ser el partido mayoritario en momentos en que se produce el golpe militar, es la que sufre las consecuencias mayores de la derrota y justamente su incomprensión ante el fenómeno peronista la lleva por más de 37 años a ser una fuerza política de segundo nivel o a acceder al gobierno justificando proscripciones, es decir de manera ilegítima. Ya que la UCR era el partido que le daba posibilidad de triunfo a la Unión Democrática, señalemos qué elementos definió para restringir su capacidad de convocatoria política.

 

La alvearización de la UCR

Las características que le dio Marcelo Torcuato de Alvear al radicalismo no fueron sólo “... su incredulidad en la revolución ni el levantamiento de la abstención ni la modalidad electoralista que le imprimió posteriormente al partido. Ni siquiera su actitud transigente con el oficialismo en 1936 o el silenciamiento que impuso a los negociados que pudieron perpetuarse”, “...su tremendo error fue no haber querido infundir al radicalismo un claro designio antiimperialista, antioligárquico, es decir, emancipador”. 1

Esto tendría que impulsarlo Alvear “...esclareciendo la conciencia partidaria con una programática de grandes objetivos libertadores”2.

Más allá de la grandilocuencia, el alvearismo consistiría en: 1) Carencia de proyecto, falta de poder de convocatoria de la sociedad, o una mera administración de la mayoría; 2) Conciliación con el régimen de la concordancia (alianza de conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas independientes) a través de un concurrencismo electoral que legitimaba el fraude; 3) Compromiso de casi todo el partido (en esta política de acceder a los cargos que “graciosamente” concedían los conservadores) a través de una conducción personalizada y cuya mayor vigencia se la brindaban el hecho de haber sido convalidada por Yrigoyen (“rodeen a Marcelo”) y por ser garantía de unidad la UCR; 4) Control autoritario del partido no vacilando en alejar a las minorías descontentas.

Darío Alessandro ha señalado una característica fundamental de la alvearización: no sólo ha sido una política que impregnó a la conducción radical y a sus “cuadros intermedios” (el punterismo político) sino a las propias bases del partido radical, ya que éstas convalidaron la acción de sus dirigentes.3 Esta afirmación del ex dirigente forjista,  señala las tendencias de la UCR de perder su posición de referente moral y por lo tanto perder adhesiones populares a partir del hecho de que el concurrencismo sólo obtiene beneficios acotados en algunos distritos electorales pero no puede modificar las acciones fraudulentas en las provincias claramente conservadoras.

Hay dos elementos significativos en esta alvearización del radicalismo que lo hace irrepetible: 1) en la provincia de Tucumán mediante referéndum los afiliados deciden la concurrencia en 1934 y en otros distritos se concurre a elecciones modificando la política del partido y 2) en la Convención Nacional donde se decide levantar la abstención y presentarse a elecciones (3 de enero de 1935), “previa autorización del Comité Nacional”, la votación es 98 a favor y 49 en contra. Este último número indica la existencia de instancias intransigentes que posteriormente tendrán una influencia enorme en la conducción partidaria (después de la derrota electoral de febrero de 1946).

 

 La intransigencia radical de 1945

De 1935 a 1945 se van produciendo distintos reagrupamientos de la intransigencia radical e incluso alejamientos del partido como el de FORJA (en 1940)4. Después de la muerte de Alvear (marzo de 1942) la polarización dentro de la UCR se va a dar entre los alvearistas y unionistas contra los intransigentes y netos.

La denominación unionista tiene dos versiones, unión de los radicales o política de unidad interna y unión con los otros partidos en una Unión Democrática, reflejando esta actitud a los sectores más liberales y “democrático formales” de la UCR. En algunos de ellos la Unión Democrática a formar tendría como objetivo una fórmula extrapartidaria encabezada por Justo u otro general (Ramírez) para derrotar al sucesor de Castillo.

Lo que luego sería el sector intransigente de la UCR se comienza a organizar a nivel nacional para oponerse a la política unionista “...la amalgama de sectores de opiniones divergentes... conduce a la anarquía de las ideas... y al debilitamiento de los partidos orgánicos y populares”5.

Triunfa en la Convención Nacional (99 votos contra 29) la constitución de la Unión Democrática (27 de abril de 1943) con el PDP, el PS, el PC y organizaciones gremiales y estudiantiles. Queda sin resolver la composición de la fórmula presidencial, aunque la UCR consiente que sea mixta y no monocolor. El golpe militar de junio de 1943 posterga por más de dos años el problema.

Después de la veda partidaria impuesta por el gobierno militar se produce una reorganización general de la UCR, que queda en manos del alvearismo unionista. En la etapa previa se constituye, el 4 de abril de 1945, el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR) que promulga la Declaración de Avellaneda, ratificada seis meses después en Rosario.

Los objetivos políticos del MIR son dos: “nuestra oposición a que la UCR concierte pactos o acuerdos electorales... el radicalismo aspira a afrontar por sí la responsabilidad de estructurar una nueva Argentina” y “...la UCR no debe participar en gobiernos que no hayan surgido de sus propias filas”6.

Detrás de este planteo están “sus tres sectores fundamentales: la pequeña burguesía de Córdoba. . . y de las provincias limítrofes. . . Sabattini, las clases medias rurales y semiurbanas de Buenos Aires y sectores ganaderos. . . Balbín y Crisólogo Larralde y los sectores universitarios, profesionales y técnicos. . . e industriales nuevos deseosos de una especie de ‘Peronismo sin Perón’ (más democrático y con menos sindicalismo). . . Moisés Lebensohn y Arturo Frondizi”7.

Estos grupos son derrotados ya que el 14 de noviembre de 1945, la UCR acepta integrar la “nueva” Unión Democrática con los mismos partidos de 1943, esta vez con respaldo conservador. Los candidatos, radicales, son del unionismo.

La intransigencia había dicho a la conducción unionista que proclama a Tamborini Mosca: “después del comicio, levantaremos nuestras banderas”8. Estas banderas abarcan planteos semejantes al laborismo inglés, con seguros sociales generalizados, nacionalizaciones, rol del Estado protagónico, libertades públicas. La intransigencia levanta: 1) contenido programático que se pone a la izquierda del gobierno militar y su legislación social; 2) plantea la reparación moral, sobre todo para diferenciarse de los radicales involucrados en los negociados de la CHADE y 3) plantea mantener la unidad del partido hasta las elecciones nacionales porque en definitiva apostaban a ganar.

Esta seguridad de triunfo determina las características de la campaña electoral de la Unión Democrática: 1) libertades democráticas enfrentadas al “fascismo criollo” de Perón; 2) programa de izquierda (más avanzado que el del Partido Comunista). Es decir, la identidad se define en referencia al otro (por la libertad contra el nazismo) y a las realizaciones le opone programas. Es decir el Peronismo se define por lo que hizo en lo social, por el señalamiento de los elementos corruptos del pasado radical y el presente “democrático” (¡CHADE CHADE! ¡CHEQUE CHEQUE!) y por la recuperación de la decisión nacional (Braden o Perón)9.

Moisés Lebensohn va a señalar que la derrota demuestra una separación nítida de la “máquina” partidaria del pueblo, de la realidad. Es decir, otra vez, e incluso en el sector del MIR, la militancia política distorsiona la realidad, se convierte en un intermediario ineficaz. La lucidez de Lebensohn le hace plantear tres ejes de recuperación: 1) programa que ubique a la izquierda del peronismo; 2) independencia de cualquier otro partido y 3) autocrítica y renovación partidaria.

La continuidad desde 1931 de estas dos líneas (alvearistas e intransigentes) dentro de la UCR facilita la renovación. En el mismo 46 cae la conducción unionista desarrollándose una etapa de transición en que coexisten todas las líneas internas en la conducción. El afianzamiento de intransigencia se alcanza en 1946, cuando se establece la Profesión de Fe doctrinaria, Bases de Acción Política y el Plan Agrario que en el año siguiente son asumidos por la UCR con el ascenso del MIR a la conducción.

 

II. La UCRP: La expresión política de la Revolución Libertadora

En 1955 la UCR estaba dividida en tres sectores: 1) el MIR con la escisión de la línea Sabattini que abarcaba más que la provincia de Córdoba; 2) el MIN (Movimiento de Intransigencia Nacional) Sabattini y 3) el NU (Núcleo Unidad) que trató de coherentizar al unionismo ante el poder del MIR. Este había impuesto la fórmula presidencial de 1951 (Balbín-Frondizi) y controlaba el Comité Nacional y la Convención Partidaria.

Estos sectores eran antiperonistas pero de distinto grado. La frágil unidad partidaria se estrellará con la realidad del peronismo y la actitud “gorila” que asumen las Fuerzas Armadas a partir de 1955.

 

La división de la UCR (1956-1957)

Aunque los tres sectores más importantes de la UCR fueron antiperonistas existían diferencias. El NU y el MIN se caracterizaron por su vocación “abstencionista” tendiendo a incentivar la conspiración militar al gobierno de Perón. El MIR mantuvo una posición de enfrentar al gobierno desde el bloque de los 44 en la Cámara de Diputados. Justamente el prestigio alcanzado por el diputado Balbín (preso casi un año) le hizo acceder al primer término de la fórmula presidencial en 1951. El NU fue el más exacerbado conspirador contra el gobierno constitucional participando Zavala Ortiz del bombardeo a Plaza de Mayo de 1955.10

Más allá de la participación en el proceso de derrocamiento de Perón, es importante cómo evoluciona la UCR con respecto al peronismo y al Partido Militar durante el gobierno Aramburu-Rojas (noviembre de 1955). La Revolución Libertadora dio oxígeno 11 a un partido escindido (división de bloque de diputados y cuestionamientos a la conducción de Frondizi) y con profundas diferencias internas (lo que los unionistas definían como estatismo peronista los intransigentes como meras reformas).

La participación en la Junta Consultiva, que termina integrando el radicalismo, genera diferencias en el propio MIR (Frondizi trata de mantener su independencia ante el gobierno militar y Balbín apoya sin retaceos). El unionismo mientras tanto plantea con claridad la necesidad de proscribir al Partido Peronista (octubre de 1955).

Sabattinistas y unionistas encabezarán la ofensiva sobre el Comité Nacional detrás de la bandera de la “unidad” ya que después del derrocamiento de Lonardi, la proscripción del Peronismo y la intervención de la CGT, se consideraba que la UCR era la herencia política de la Revolución Libertadora. La respuesta del MIR cuestiona a la “. . .pequeña minoría dentro del radicalismo. . .” que “. . .pregonan el argumento de la unidad, conociendo la repercusión sentimental que dicho reclamo produce en el pueblo argentino”; “existen dos modos de concebir al radicalismo, que son dos modos de concebir al país; este proceso está llegando a su fin”. “Quienes se sientan extraños al sentido revolucionario y transformador del radicalismo. . . habrán de encontrarse sin duda con otros argentinos que conciben la patria de otro modo que la UCR”.12

Es decir: se evalúa que la unidad significa volcar hacia la derecha al partido y por eso no se acepta resignar el control del Comité Nacional y la Convención. Pero si no se acepta la unidad ¿cuál es la garantía para ganar las elecciones? Aparece la idea de convocar a las fuerzas peronistas.

Esa seguridad del Comité Nacional que responde al MIR se ratifica en las elecciones internas de fines del 55 y principios del 56 (59 MIR-10 MIN-4 NU y 1 Movimiento Pro-Radicalismo Unido).13 Es en el seno del MIR donde se producen las diferencias que posibilitan la división de la UCR: 1) los moderados de Balbín (minoritarios) y los ortodoxos de Frondizi (mayoritarios), quien había conocido a principios del 56 a Rogelio Frigerio y comenzaba una revisión ideológica todavía no explicitada en su corriente interna.

Frigerio afirmó sobre la ruptura: “. . . Frondizi fue sostenido por los cuerpos orgánicos de su partido hasta el momento en que los dirigentes antiperonistas encabezados por Balbín decidieron romper filas (. . .) la ruptura fue un hecho positivo”. Lo otro será “. . .expresión de un partido anacrónico, antiperonista y liberal de izquierda. . .”.14

En síntesis, la UCRI de 1957 integrará a su discurso el planteo de la integración del peronismo, la inmediata normalización institucional, el rechazo de la reforma constitucional y ya en los discursos de Frondizi el eficientismo económico (integrado a la plataforma electoral del Partido junto a la mítica Declaración de Avellaneda).

En cambio la UCRP hará hincapié en la reivindicación moral, el apoyo a la Revolución Libertadora 15, la exclusión de toda alianza extrapartidaria, la normalización institucional de la República y a nivel económico se reflotaba la Declaración de Avellaneda. Inclusive dentro del sector balbinista existían planteos eficientistas y de críticas al gobierno de la Libertadora, sobre todo a partir de la retirada de Eugenio Blanco (Hacienda) con el que colaboraban Germán López, Roque Carranza y Elizalde (vinculados al Balbinismo).

Esta “línea blanda” 16 de la política económica de la Libertadora cesa en enero de 1957 pero la unión entre el gobierno militar y el balbinismo continúa con la presencia de Alconada Aramburú (Interior) 17 y Acdel Salas (Educación) en el gabinete y Eduardo Bergalli en la Intendencia Metropolitana 18.

La acusación contra el frondizismo gira también sobre el problema del peronismo. Balbín: “Creo que, hay que salvar a esta revolución para que sea la última y poder reconstruir la Nación”19. Zavala Ortiz: “A pesar de ciertos destellos de radicalismo... pudo cualquiera que no hubiese leído el nombre, suponer que había vuelto (Perón) tal como lo anuncian ingenios adeptos”. De nuevo se hablaba del pueblo que lo rodeaba y del antipueblo que lo criticaba”20. Sanmartino: “. . .ha escogido el papel de la farsa demagógica y de la adulación de la turbamulta”21, Sabattini: “Nosotros no estamos ni estaremos en ningún contubernio, en cambio ellos ¿me van a poder contestar? Lo harán si no estuvieron ayer apoyando a la dictadura y hoy con el prófugo” (sic) 22.

En síntesis: antiperonismo y respaldo al Partido Militar instaurado en el país es el planteo de la UCRP. En las elecciones a constituyentes de julio de 1957 se demostrará el nivel de fuerzas existentes:

 

UCRP2.106.52424,20%
UCRI1.847.60321,23%
SOCIALIST A525.7216,04%
DEMOCRATA CRISTIANO420.6064,83%
DEMOCRATA333.7493,83%
DEMOCRATA PROGRESISTA263.8053,03%
COMUNISTA228.8212,63%
UNIÓN FEDERAL (católicos)159.1771,83%
LABORISTA92.1721,07%
CIVICO INDEPENDIENTE (Alsogaray)y además de varios partidos más de menos del 1%86.4420,99%
VOTOS EN BLANCO2.115.86124,31%23

 

John William Cooke evalúa la cantidad de votos en blanco de la siguiente manera: “. . .no fue mayor, porque la carencia de libertad y medios de difusión nos impidió hacer un planteo real de lo que estaba en juego en los comicios”24 “. . .el grueso de los votantes cumplió fielmente las consignas de Perón. El resto se dividían entre una gran mayoría que votó a Frondizi y una minoría. . . que siguió a los partidos neoperonistas. . . (del Pueblo, Trabajadores, etc.), a algunos partidos. . . que levantaron. . . la Constitución del 49 o a la Unión Federal. . . un fracaso porque actuó como partido clerical. . .”25.

Esto demuestra que el planteo de Frondizi necesitaba, para triunfar, respaldo del Peronismo. De aquí en más la polarización UCRP-UCRI girará justamente sobre ese nivel. Esto no significó que Frondizi abandonara determinados apoyos militares (sobre todo en la Fuerza Aérea) pero estas relaciones no obstruyeron su política de oposición sobre todo en el retiro de constituyentes ucristas de la Convención. El respaldo peronista a la fórmula Frondizi-Gómez afianzará el antiperonismo de la UCRP. Zavala Ortiz: “Muchos hubo que esperaron órdenes, y un día llegó un sobre con un nombre, como en los mejores tiempos de la tiranía”. . .”¡Qué nos hablan de programa, si ya están planeando el regreso del tirano!”. . . “¡Qué nos hablan de libertad si se han aliado con los nazi fascistas!”26. Balbín: “Apoyamos la concepción revolucionaria, es verdad, pero como un proceso de recuperación de la democracia”. . . “yo quisiera que los luchadores del 16 de septiembre de 1955 se asomaran. . . para ver hasta qué punto el pueblo ha respondido a sus esfuerzos y sacrificios”. . . “hay aquí un país en marcha que el 23 dirá si quiere marchar para adelante o volver para atrás”27. Larralde: “Es que a Caracas se iba a pedir el voto de los peronistas”28.

Incluso cierta metodología común a los servicios (solicitada firmada por el Ateneo Cristiano de Estudios sobre el Marxismo-Casilla de Correo Central Nº 4319) denunciaba el Plan PASFIR. Una confabulación antipopular (Plan de Acción Secreto del Frondizismo Intransigente y Renovador-diciembre de 1956) cuyas partes más notorias y subrayadas en el original son: “...necesidad impostergable de lograr un movimiento de masas, similar al que obtuvo Perón con su demagogia en 1945” “. . .obtención del apoyo del Peronismo”. . . “exagerar la gravedad de la situación económica actual, sosteniendo que de persistir la misma no podrá recuperarse el país”29. El general Quaranta en ese momento era el director de los Servicios de Inteligencia del Estado.

El rechazo de la población al continuismo “libertador” se expresa en los votos alcanzados:

 

UCRI4.070875
UCRP2.618.058
OTROS PARTIDOS1.536.322
EN BLANCO 838.24330

  

El ejército, cada vez más ubicado en posturas antiperonistas, la UCRP, como expresión política de esa actitud de las fuerzas armadas y el Peronismo, exigiendo el reconocimiento de su personería política y la devolución de los sindicatos, van a ser los obstáculos que se le presentarán a Frondizi.

 

La ilegitimidad del gobierno Illia-Perette

El derrocamiento militar de Frondizi el 29 de marzo de 1962 promueve la idea de una reactualización política, sobre todo en las Fuerzas Armadas. El gobierno Guido va a ser juguete de los enfrentamientos entre azules y colorados. Las diferencias surgen ya cuando, usando la ley de acefalía, Guido (presidente del Senado) jura ante la Corte Suprema de Justicia. “A la noche se reunieron todos los generales con mando en la Capital Federal y Gran Buenos Aires. A propuesta de algunos amigos del comandante en Jefe (Poggi) votaron si se derrocaba o no al nuevo presidente. Por 14 votos contra 2 resolvieron derrocarlo. . .” “. . .Juan Carlos Onganía pidió la palabra y dijo: “Contra el Presidente Guido no hay acusación que formular. Se lo quiere derrocar porque se quiere impedir la salida electoral. . . Campo de Mayo luchará, si es necesario, para que los ciudadanos puedan votar”31.

Votar o no fue uno de los ejes sobre los que giró el tema de azules y colorados. Estos últimos definidamente antiperonistas y volcados a una definición política de la fuerza. Mientras que Onganía estaba buscando una definición “profesionalista” del arma y una cierta integración de parte del peronismo “pero imposibilitando el restablecimiento del régimen depuesto”32.

El comunicado 150 del sector azul (23-9-62) señalará su relativo predominio y por supuesto, la fecha de las elecciones. Los enfrentamientos armados se reiteran en abril del 63.

En la UCRP se afianza la fórmula Illia-Perette, ya que Balbín, por su antiperonismo, aparecía irritante al electorado. Unionismo y Sabattinismo (Sabattini había muerto en 1960 y ya Córdoba aparecía como una línea propia dentro del partido) confluyen en la fórmula. Germán López, ex presidente de FUBA, ex director nacional de Trabajo, durante la Revolución Libertadora, Bernardo Grinspun (asesor del bloque de senadores de la UCRP de la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Alende), Félix Elizalde (subsecretario de Hacienda del Dr. Blanco, cuando este fue ministro del general Aramburu, observador por el partido -junto con el doctor Grinspun- en la reciente reunión de la CEPAL), formaron parte del equipo que estuvo asesorando en cuestiones económicas al doctor Balbín como presidente del partido y que, durante la campaña electoral, pasaron a trabajar directamente con Illia. Son los que elaboraron la parte económica de la plataforma radical del Pueblo.

Algunos artículos de la Revista ‘Definición’, dirigida por Roberto M. Pena33,permiten completar conclusiones sobre ese grupo: en el número 7 (febrero de 1962) se publica una nota de Pierre Mendes-France con el título de ‘Un socialismo moderno’ elogiando la apertura a la izquierda de la democracia cristiana italiana; atacaron a Santiago del Castillo cuando se solidarizó públicamente con la revolución cubana; defendieron ‘Mater et Magistra’ y la posición de los países neutralistas; censuraron constantemente la política petrolera de Frondizi; publicaron notas de los sociólogos norteamericanos liberales Wright Mills y Erich Fromm. ‘Definición’ estuvo Vemos surgir, dentro del discurso radical, fundamentalmente normalizador institucional y antiperonista, una serie de planteos “modernos”; socialismo europeo, racionalismo, nacionalismo económico (la UCRP de hecho lleva a las elecciones los programas del 45) y aggiornamento ideológico y hacia la Iglesia. Este era un sector dentro de la Intransigencia, aunque de hecho ya por estos años se van diluyendo las diferencias entre el NU, la Intransigencia y la Línea Córdoba.

Esta UCRP se enfrentará a tres fuerzas con posibilidades: el Frente Nacional y Popular (sectores de la UCRI, conservadores populares, algunos democristianos y peronistas), UDELPA (del general Aramburu), la UCRI (sector Alende) y la Democracia Cristiana.

“Pero lo que la conducción político-militar quería evitar era un plebiscito, de modo que ninguna solución pudiera imponerse coactivamente al Ejército”... “obviamente el Frente podía producir un plebiscito. . . y trataron de limitar sus fuerzas”34.

Se prohibió al partido Unión Popular (expresión peronista) el poder acceder a cargos ejecutivos (presidente-vice-gobernadores), incluyendo a sus aliados más estrechos. Con el veto a Solano Lima, candidato del Frente, se vuelve al voto en blanco. Alende continúa con su candidatura, lo mismo que la Democracia Cristiana.

La UCRP alcanza el 25,8 %, seguida por los votos en blanco con 19,2%: la UCRI (Alende) con el 16,8% y UDELPA (Aramburu) con el 7,7%. En el Colegio Electoral se respalda a la fórmula Illia-Perette.

“Los radicales del Pueblo... comprenden que llegan al poder en circunstancias especiales y con votos que no responden a las campañas de cerrada oposición antiperonista y antifrondicista” (...) “saben ahora que deben funcionar teniendo en consideración una estructura azul de las Fuerzas Armadas”35.

Con distintos protagonistas parciales se repite el ciclo de Frondizi: Fuerzas Armadas, Peronismo y ahora la UCRI y el MID (división de 1964). Serán la oposición de un gobierno que mantiene una dualidad singular: Illia en la Rosada y Balbín en el Comité Nacional. Este último no ha perdido el control del partido y sigue siendo la autoridad que transitará una nueva etapa política.

Los principales conflictos políticos del gobierno radical fueron el Plan de Lucha de la CGT y el operativo Retorno, ambos en 1964. Los millones de obreros ocupando sus fuentes de trabajo (hecho inédito en la historia del sindicalismo) demostró su capacidad de movilización. Por otro lado, la solicitud de la Cancillería argentina de que se detuviera a Perón en Río de Janeiro también entra en una etapa de intolerancia política, no sólo del gobierno radical sino de las Fuerzas Armadas azules que terminan por comprender que su proyecto de “peronismo sin Perón” sigue siendo inviable. El vandorismo retornará esta actitud en los últimos años del gobierno radical y terminará por ser un aliado natural del planteo político de Onganía. La revista Primera Plana cobra gran importancia en la campaña de deterioro de un gobierno (ilegítimo en sus orígenes y lento en las respuestas) que “administra” la Argentina. El número 165 del 10 de enero de 1966 es un excelente reflejo de la política golpista: la tapa tiene tres fotos: en un mismo nivel y color hay un tanque y una manifestación del Partido Justicialista con una predominante presencia de fotos de Perón; en otro nivel, sola y de distinto color, una foto del gabinete de Illia y en el medio el título: ¿QUIEN MANDARÁ EN 1.966? En la nota interior como título de fotos señala: “Gobierno, militares, peronismo: la trilogía de 1962 vuelve a dominar el panorama nacional”. La inferencia que hacemos es: inutilidad del gobierno (léase de la democracia y no de esa democracia ilegítima y formal que los propios militares habían impuesto con las proscripciones de 1963), peligro de restauración peronista (tiranía), necesidad de participación en el poder político de los militares = golpe.

El politólogo Mariano Grandona nos abre otras perspectivas: “casi todos los partidos políticos argentinos, desgraciadamente, no tienen vocación de poder, porque la inestabilidad ha sido tan grande que el poder se transformó en una especie de azar. Pensemos cómo obtuvo el poder Frondizi, cómo lo obtuvo Illia. En consecuencia, casi todos los partidos han actuado como grupos de aventura, estaba ahí la gente a ver qué pasaba. Así se fueron descapitalizando humanamente, las mejores energías humanas fueron hacia las empresas, las universidades, las Fuerzas Armadas, los sindicatos, hacia otros sectores que estaban vivos, vigentes en la comunidad. Y, claro, la Argentina es un país pequeño y no se puede hacer un drenaje tal sin dejar indefensos a los partidos”. “(...) la Argentina tiene que producir, que sus autoridades tienen que ser eficientes, que las ideologías deben dejarse de lado. . . se avanzó con respecto al qué, falta avanzar. . . con respecto al quién”36.

El Estado uniforme, donde las defensas de los intereses son consideradas como traiciones a la estabilidad del sistema y la Nación; donde la política es reemplazada por la administración y represión; donde la modernidad es considerada la eficiencia aunque se base en la insensibilidad social, la injusticia y la dependencia. En definitiva, el Estado que absorbe todos los poderes preexistentes en la sociedad (salvo los dóciles que se le acoplan como muchos sindicatos) y por eso se convierte en totalitario, ya que al que disiente se lo encarcela y se lo persigue.

Este corte abrupto del proceso político argentino (golpe del 28 de junio de 1966), que fue una nivelación del peronismo y radicalismo, ya que ambos fueron disueltos, abre una nueva etapa en la relación de los dos partidos y en la definición política, sobre todo de la UCRP 37.

 

III. Perón y la unidad nacional

Los primeros intentos de establecer una vinculación entre el peronismo se encuentran en el año 1965 y ante la situación de enfrentamiento entre el gobierno y el comandante en jefe del Ejército: Onganía. El senador por Catamarca, Acuña, fue quien inició desde la UCRP la política de aproximación al Peronismo, pero los esfuerzos de éste chocaron contra Balbín. En agosto de ese año Acuña ya había establecido contacto con el mayor Pablo Vicente (representante de Perón en Montevideo); gestión que no llegó a plasmarse por la escasa representatividad del interlocutor radical. Inclusive en esta gestión estaba involucrado Zavala Ortiz 38. La llegada de Isabel en octubre del 65 fue vista positivamente por el gobierno porque consideraron que la división del peronismo les abría las puertas del triunfo en las elecciones de marzo de 1967. Pero el triunfo del peronismo leal en las elecciones de abril de 1966 determina que a un sector del sindicalismo y a las Fuerzas Armadas ya no le quedaba más remedio que el golpe de Estado.

 

Los partidos políticos durante el Onganiato

La disolución de los partidos, la confiscación de sus bienes, la intervención de los gremios que comienzan a responder a la política económica oficial dan un marco de anulación de la participación política que se reflejará en dos actitudes: la unidad nacional y la combatividad (llegando a la violencia guerrillera).

En el radicalismo se vertebraron dos políticas que van a superar al onganiato y se proyectarán en el gobierno de Lanusse. La primera de ellas nace con un proyecto de lo que se denominó “la generación intermedia”39 en la que participan Facundo Suárez (del unionismo mendocino), Conrado Storani, Roque Carranza, Félix Elizalde. La política del grupo: “forzar al gobierno a devolver al país el sistema representativo”; “no basta con la fuerza del radicalismo”. Esto coincidirá con un planteo “civilista” de Perón “destinado a enfrentar a Onganía” (setiembre de 1966). Balbín respondió enfatizando “la verticalidad de los mandos”. Esta actitud determinó la movilización del Comité Nacional para anticiparse a la reunión de los “intermedios” que proclama “tendremos que. . . encontrar las ideas congregantes de sólidas mayorías. Abrir el diálogo en todas las direcciones es reclamo de esta hora de la Nación” (13 de noviembre de 1966)40. La segunda que surge del “Comité Provincia” (Buenos Aires) planteará una propuesta política a las fuerzas armadas cuando llegara el fin de Onganía. La tema promotora era: Tróccoli, Roberto Pena y Mor Roig. Estas dos líneas van a entrecruzarse en la posterior lucha interna del año 1972. Estas dos propuestas no encontraron campo propicio en 1966 ya que el proyecto de Onganía rechazaba toda vinculación con los partidos políticos “tradicionales”. Estaba lejos la última etapa de la “Revolución: el tiempo político”. Ante la postura cerrada del oficialismo militar y para generar divisiones en el Ejército se planteó en el año 67 la posibilidad del pacto Perón-Illia 41.

Curiosamente el sector más intransigente históricamente con el peronismo plantea una acción común, pero tampoco va a tener continuidad.

En 1968 Aldo Tessio -ex gobernador de Santa Fe- intenta reflotar la Liga de los Gobernadores como forma de concretar una multipartidaria (incluía peronistas, frondicistas, UCR, Bloquistas, conservadores) contra el gobierno militar y también, por elevación, contra el Comité Nacional de la UCRP 42.

Ya en el panorama político se daba la “nueva oposición”: la CGT de los Argentinos comenzaba a nuclear un frente político agitativo contra la dictadura; sectores católicos y marxistas no comunistas comienzan a comprender el proceso político nacional.

Surge un sector radical que comienza a vincularse a este grupo de oposición e intransigencia al régimen. El 4 de junio de 1968 la CGT de los Argentinos convoca un Frente Civil de la Resistencia para repudiar a Onganía en el segundo aniversario del golpe. El Comité Nacional de la UCRP no participa pero sectores radicales participan: 1) Roberto Pena y Teodora Matzkin vinculados a uno de los delfines de Balbín (el “intermedio” Alfonsín no vinculado a la “generación” de Storani todavía) en la provincia de Buenos Aires y 2) el abrazo Illia-Ongaro en Córdoba justo en el segundo aniversario del golpe 43. Esto constituyó una línea de endurecimiento con respecto al gobierno aunque ya el peronismo, en el marco de una atonía pronunciada de los partidos disueltos, comenzaba a representar a la oposición más intransigente (Ongaro en la CGT A, el grupo de Taco Ralo defendido como peronista por el ex delegado personal de Perón, mayor Alberte y que se constituiría en el primer antecedente de la nueva guerrilla del Movimiento -las Fuerzas Armadas Peronistas- que sale a la luz con el descubrimiento del campamento de Tucumán en agosto de 1968).

La actitud de Balbín por seguir controlando el partido fue canalizar “. . .los arrebatos del partido hacia una Comisión de Acción Política y una decena de grupos de estudio’ que entretienen a los heterodoxos”. Simultáneamente mantenía en la Comisión a Mor Roig que era caracterizado así: “. . .nadie se asombre cuando sea el primer político llamado al Ministerio del Interior para iniciar las consabidas consultas”44.

La sombra del general Aramburu aparece con renovada fuerza en el país, sobre todo a partir del Cordobazo (29 y 30 de mayo de 1969) ya que se lo vincula a un gobierno de transición convocante de elecciones. Justamente los radicales bonaerenses plantean que “. . .1970 será el año de las grandes decisiones. Otro orador, César M. García Puente, enumeró dos etapas: primera ‘la transformación política’; segunda ‘el voto popular’“. ¿Era el Aramburismo? 45.

Lo inesperado fue que el derrocamiento de Onganía fue producto del secuestro de Aramburu en junio de 1970. Levingston fue una pérdida de tiempo para el proyecto irreversible del sector “liberal” de las Fuerzas Armadas: la salida electoral.

Desde febrero del 70, Balbín había consolidado su posición en el partido, ya que fue ratificado en la conducción por el Plenario del Comité Nacional. En un reportaje define dos posturas trascendentes: 1) reconocimiento del Peronismo como “fuerza popular” con “orígenes y fines muy similares a los nuestros” y 2) una promesa: “cuando se haya recuperado la democracia, el radicalismo entrará -estoy seguro- en un período de total y necesaria renovación”46.

Estas posturas preanuncian dos estructuras políticas distintas: La Hora de los Pueblos y el Movimiento Renovador de la UCR.

 

La salida electoral y la renovación y cambio

En noviembre de 1970 se constituye La Hora del Pueblo a partir de una convocatoria del delegado personal de Perón: J.D. Paladino. Este es el primer ámbito orgánico de confluencia de la UCR y el Peronismo, ya que significa el reconocimiento de la conducción de Perón, no sólo para el radicalismo oficial sino también para el Partido Demócrata Progresista, el Partido Socialista Argentino y personalidades independientes como Belgrano Rawson. El Partido Conservador Popular de Vicente Solano Lima era ya un viejo amigo. El objetivo principal del encuentro es la pronta institucionalización del país y también un proyecto económico que trata de diferenciarse del seguido por la Revolución Libertadora.

Si para Perón este nucleamiento fue una herramienta más 47, también lo será para Balbín, pero claramente vinculada a la integración con las Fuerzas Armadas a partir del comandante en Jefe del Ejército: A.A. Lanusse.

Ya en 1969 se habían levantado las voces de la Juventud Radical contra las negociaciones con Lanusse. “En julio de 1970 Lanusse recibió un trabajo preparado por hombres del radicalismo en el que se formulaba una propuesta para iniciar la democratización del país. . . Para Lanusse el diálogo con los radicales era posible porque. . . había en el radicalismo una importante tradición civilista. . .”48.

La existencia de estas dos líneas internas se agudiza después del golpe que desplaza a Levingston, cuando se designa a Mor Roig como Ministro del Interior del Presidente Lanusse; “. . .el balbinismo logró que la UCR del Pueblo aprobara el nombramiento de Mor Roig sin que tuviera que mediar un pronunciamiento claro y preciso del Comité Nacional o del jefe del Radicalismo. Balbín, quien inmediatamente declaró no estar convencido del todo ‘pero acepto la decisión de mi partido’, trasladó la decisión partidaria a La Hora del Pueblo, donde también fue aprobado el ingreso de Mor Roig al gobierno”49.

El representante de Perón ante Lanusse, J.D. Paladino, fue el que ingenuamente avaló el ingreso radical al gabinete (obviamente a título personal). Esta actitud sumada a su incapacidad de asumir un claro papel de opositor ante la dictadura en retirada, termina con su responsabilidad política en noviembre de 1971. Desde ese momento y manteniendo el nivel de acuerdo de La Hora del Pueblo, Perón despliega un claro enfrentamiento y diferenciación con la dictadura militar; a los radicales les queda la vinculación clara con la salida política.

Justamente contra esta actitud se comienzan a definir sectores internos que reivindican la necesidad del cambio y la renovación. Los primeros en cuestionar fueron los cordobeses: “Carlos Becerra, líder del ala izquierda mediterránea (apoyado por Conrado Storani, Ramón Mestre y los pujas revolucionarios de la juventud), estuvo a punto de desafiliar al Comité Córdoba de la UCRP. Entonces primó la mesura de Arturo Illia. . .”50. El propio Gammond señalará más tarde: “ni el radicalismo de Córdoba ni yo tenemos ningún tipo de enfrentamiento ni situación de oposición al Comité Nacional, ni a su presidente, Ricardo Balbín, con quien hemos sido siempre solidarios pese a que pudimos haber discrepado con él y otros representantes de La Hora del Pueblo al avalar la designación de Mor Roig”51. La dureza inicial de Córdoba va a llegar debilitada a la primera reunión del Comité Nacional a realizarse en Avellaneda, que tiene como objetivo la reorganización del partido. Al planteo de Storani, una junta reorganizadora que desplazaba a Balbín 52 no se suma nadie. Prima el criterio de unidad partidaria tratando de alcanzar un equilibrio entre el colaboracionismo y la oposición frontal.

A esa actitud se suma el sector de Alfonsín en la provincia de Buenos Aires. En abril éste había iniciado un proceso de revitalizar la comisión de Acción Política de la Provincia. “Se trata de jóvenes dirigentes que se destacan en posiciones claves,. . .cuya secretaría ejecutiva ejerce un joven abogado de Avellaneda, Juan Manuel Casella. Los jóvenes desconfían, sin ubicarse en el tremendismo cordobés, de las ‘relaciones peligrosas’ a mantener con Mor Roig”53. Esa desconfianza también significaba un problema interno del distrito ya que significaba un enfrentamiento con el sector de César García Puente, Ricardo Fuertes y Angel Roy que “. . .no reniegan de su vieja amistad con el Ministro del Interior”54.

Es decir, que el 12 de junio de 1971, cuando se realiza el plenario radical, Alfonsín aparece como un sector no definido contra Balbín, más bien como alguien con posturas diferenciadas que crece a la sombra del Chino. Así lo confirman las publicaciones políticas de la época: “el delfín balbinista” (Análisis N° 528) mantuvo previo alta reunión un “silencio sugestivo” (Confirmado N° 312) ya que “izquierdizada pero no tanto, repudió entonces la designación de Mor Roig pero respaldó a Balbín” (Panorama N° 211). En el plenario donde iba a desenvolverse la ofensiva cordobesa Alfonsín “recién llegó a. . . las 10 de la noche” y “el documento emitido por la UCRP fue redactado. . .” por él (Confirmado N° 314). El motivo de la actitud del “delfín” quizá resida en la posibilidad de la herencia. “No parece casual que los dos dirigentes (Alfonsín y Pugliese), seguramente los mejor colocados -especialmente Alfonsín- para ocupar en el futuro el sitial de Balbín, se hayan mantenido en absoluto silencio durante el cónclave”55. Si se podía llegar mediante la unidad partidaria ¿para qué renovar y cambiar? Se lo confirma a Balbín, no se concretará ninguna Junta Reorganizadora, se acusará de “comunista” a cualquiera que criticara al oficialismo y “luego de cinco años de ostracismo, el aparato quedó intacto. . . y ningún caudillo abandonó la agrupación”56.

La pelota tenía dueño. La mayoría balbinista proviene de distintos sectores: Facundo Suárez, Zarrielo, Perette, León y significa una equidistancia política para asegurar la unidad, que solamente podía desarrollar Balbín. El hecho de su postulación para continuar en la conducción de la UCR (desde julio de 1971 se le restituye la sigla original) desencadena el reagrupamiento de la oposición interna y de los “delfines” decepcionados.

La respuesta es por provincias y distritos electorales, todavía no existe un nucleamiento de toda la oposición. El propio Balbín guarda silencio con respecto a la continuación como presidente del partido, por eso en febrero del 72 todavía se piensa en una lista única en la provincia de Buenos Aires 57. En Santa Fe y Córdoba Balbín no parece encontrar respaldos seguros y en esta última provincia la oposición a Balbín se denomina Fuerza Nueva o Movimiento Nuevo y la revista Análisis la describe así: “. . . dirigida por Felipe Celli y Eduardo Angeloz -a quienes se califica de izquierdistas-centrados- presenta un mosaico poco menos que caótico, que va desde los progresistas Enrique Storani y Carlos Becerra hasta la vieja guardia de Eduardo Gammond, y desde la agrupación juvenil Resistencia Radical -de abierta izquierda- hasta el núcleo de Víctor Martínez, de derecha decidida”58. Esta heterogeneidad que genera un equilibrio de impotencias en lo que es la oposición “progresista” a Balbín facilita la acumulación de poder que se va a dar alrededor del Chino. Los “punteros” radicales van a apostar a lo seguro. En abril de 1972 se proclama la lista “alfonsinista” en el distrito provincia de Buenos Aires. Para el Comité Nacional la encabeza Alfonsín a quien acompañan Armendáriz, Edison Otero, José Gorostegui y Victorio Daste. Como candidatos al comité de la provincia, para presidente Raúl Borrás, Adolfo Gass y Raúl Roy. Como candidatos a la Convención Nacional figura José Recio, Germán López y Bernardo Grinspun.

Los planteos de Alfonsín tratan de rehuir el enfrentamiento con Balbín: “mi gran admiración por su gestión al frente del partido”59. El objetivo era: diferenciarse del gobierno militar y concitar las adhesiones de sectores en todo el país que coincidieran plenamente con la posición de su sector bonaerense. Asimismo reivindicó La Hora del Pueblo como elemento que aceleró el proceso de institucionalización. Ante la pregunta de porqué el Partido Comunista no participaba del encuentro multipartidario señaló: “dicha coincidencia incluía a las corrientes políticas con sentido nacional, ya que es hora de terminar con los restos de la dependencia ideológica”60.

La respuesta de Balbín demuestra la escasa polarización interna dentro de la UCR (refiriéndose a Alfonsín): “hace siete años que trabajamos juntos y no pienso que alguien pueda creer que he traicionado principios del radicalismo”61.

Este equilibrio y mesura radical fueron perdiéndose a medida que avanzaba el tiempo. El 7 de mayo el triunfo balbinista es cómodo pero la presencia alfonsinista demuestra el peso de la corriente. Balbín se impuso con 44.000 votos y Alfonsín obtuvo 30.000. El 58 y 42 por ciento respectivamente de los sufragios emitidos (58,3% del padrón inscripto votó) 62.

Después de este resultado electoral es obvio que se incentive el armado de un acuerdo nacional para la reunión constitutiva del nuevo Comité Nacional y la elección interna para definir la fórmula presidencial de la UCR. Y este acuerdo deberá identificarse con planteos principistas y programáticos que lo diferencien del viejo discurso balbinista. La necesidad de la diferenciación, pues, servirá para darle coherencia a este nuevo núcleo radical que rodea al dirigente de Chascomús.

Cuando el 16 de junio del 72 se reúnen los delegados al Comité Nacional se da por asegurada la elección de Balbín como Presidente y ya se evalúa una acción mancomunada entre Córdoba y el alfonsinismo. La violencia apareció en la reunión y concluyó con un estudiante de derecho muerto de un tiro. Las contradicciones entre Balbín y Alfonsín se daban mucho más acentuadas en las “barras” respectivas que en el ámbito del Comité Nacional, ya que Alfonsín termina absteniéndose para no convalidar la elección del nuevo presidente (17 de junio de 1972).

En la reunión de la Convención Nacional la provincia de Córdoba levanta un programa muy influido por la situación de insurrección de los años 69 y 71. Los aspectos más importantes de este “programa” cordobés son: 1) adecuar los medios de producción en función de los intereses de la sociedad; 2) intervención del Estado en la vida económica para corregir las distorsiones; 3) la tierra no debe ser instrumento de explotación ni objeto de propiedad privada absoluta; 4) nacionalización de la banca extranjera y 5) sindicatos autónomos, fuertes y combativos 63.

El racionalismo eficientista aparece ya en sectores proto-alfonsinistas.

El otro aspecto relevante de esta convención es la derrota de la lista impulsada por Córdoba y el alfonsinismo pero con un número importante de votos alcanzados. Igualmente, la participación de todos los sectores internos hace que gran parte de los postulados del “cambio” figuren en la declaración política final, inclusive el de la “reforma-agraria” propiciado por un alfonsinista bonaerense.

Toda esta vocación transformadora era producto de una época de grandes conmociones mundiales y nacionales. La liberación nacional y la revolución social eran ingredientes de gran parte de la problemática política del momento. Es decir, en determinadas medidas concretas podían existir coincidencias entre fuerzas políticas encontradas, la diferencia en el año 1972 era ser real alternativa de poder y eso era el Peronismo. Alfonsín intentaba darle una tónica opositora a su partido, pero en ese sentido las realizaciones peronistas superaban el declamacionismo radical (no entendemos declamacionismo peyorativamente sino como la actitud tradicional de un partido reducido electoralmente y con una escasa militancia juvenil). Esas realizaciones abarcaban casi todo el espectro de las actividades políticas y de las fuerzas sociales, contra eso no podía el alfonsinismo. Pero sí el balbinismo, ya que como en 1963 la posibilidad podía ser la proscripción o autoproscripción del peronismo, por eso la salida Mor Roig tenía posibilidades en 1972. Sobre todo a partir del 25 de agosto, fecha tope puesta por Lanusse a Perón para retomar al país. Si por izquierda no se podía ganar al Peronismo, el punterismo político apostará a la unidad y “prudencia” balbinista. Pero esto incentivará la necesidad de organizar un nucleamiento de oposición al balbinismo en la postulación de Balbín a la primera magistratura (el 23 de septiembre de 1972 en el Hotel Castelar de la capital).

El domingo 24 de septiembre en el cine Real de Rosario se proclamará la fórmula Alfonsín-Conrado Storani: el lema “por la soberanía popular y la liberación nacional”. Al acto concurren casi 4.000 personas, en su mayoría jóvenes de la nueva corriente (que algunos llaman Movimiento de Renovación Nacional, Renovación Nacional y que algunos medios ya denominan de Renovación y Cambio). Se constituye la comisión directiva de la nueva corriente presidida por una cordobesa y que cuenta con la presencia de Hipólito Solari Yrigoyen por Chubut. La proclamación de la fórmula la hace Aldo Tessio, ex gobernador ucerrepcista de Santa Fe. El discurso de Alfonsín planteó la “nueva programática del sector: nacionalización de la banca extranjera y del comercio exterior mediante la intervención de las Juntas de Granos y de Carnes”; “la propiedad, el consumo, la producción, el intercambio y el comercio están al servicio del pueblo y no de minorías dominantes”64.

La reivindicación democrática era superada por un discurso económico de transformación, sin cuestionar la conducción del partido con respecto al Peronismo. La nueva convocatoria abstracta influirá sobre los resultados electorales.

Antes de las elecciones internas radicales se produce el primer retorno al país de Perón desde 1955. El 17 de noviembre se constituye en un día en que la salida política se pone a prueba: 1) el golpe ¿o captura de armas? de la Escuela de Mecánica de la Armada; 2) la detención inicial de Perón en Ezeiza que llevaba a cuestionar el “libre juego” lanussista; 3) la gran movilización popular (gaseada y desarticulada permanentemente) que demostró la capacidad convocante de Perón. La digestión de la presencia del conductor “desencarnado” y representante de la “revolución en paz” en el equipo lanussista afianzó la presencia electoral del Peronismo, sobre todo cuando Perón se reúne con Balbín iniciando la política de grandes acuerdos nacionales.

Las elecciones internas se dan el 26 de noviembre, después del primer encuentro Perón-Balbín. La fórmula integrada por el oficialismo (Balbín-Gammond) obtuvo 170.083 votos, mientras que Alfonsín-Storani, postulado por el Movimiento Nacional de Recuperación y Cambio, obtuvo 144.901 votos. La diferencia fue de 25.182 votos (sobre un total de 566.218 afiliados, votó casi el 60%) 65.

Para una línea interna definida en el mismo año alcanzar ese caudal electoral demuestra la importancia del sector. Incluso la alianza del Balbinismo con Gammond demuestra la necesidad de desarticular una postura cordobesa uniforme contra el Comité Nacional.

 

El triunfo peronista y la UCR

Las victorias electorales del FREJULI en marzo y septiembre de 1973 tendrían que haber posibilitado un afianzamiento institucional del Movimiento de Renovación y Cambio dentro del Partido Radical. ¿Por qué, entonces, se afianzó el poder de Balbín? Es lo que trataremos de desarrollar en este acápite. El 49,5% en marzo y el 62% en septiembre nos indican que el poder de Perón era superior a la suma de los componentes del Movimiento y del Frente Justicialista de Liberación 66.

La derrota de marzo pudo desencadenar una modificación en el radicalismo; comenzó la juventud (la Junta Coordinadora) señalando a los mariscales de la derrota y solicitando una reestructuración del partido. Se sumó al poco tiempo Conrado Storani solidarizándose con la declaración de Stubrin. Simultáneamente el MRC llega a definir la abstención a concurrir al ballotage (en el caso de que Lanusse pretendiera no aceptar la irrisoria diferencia) y exigía la reorganización del partido. Las dos líneas volvieron a enfrentarse, de hecho, en el ballotage: Alfonsín fue a hacer campaña a Córdoba por Víctor Martínez y Balbín con Fernando de La Rúa en Capital. Pero el resultado electoral fue una nueva derrota del alfonsinismo: los triunfos de Obregón Cano y de La Rúa volvieron a golpear a la nueva estructura interna 67.

En mayo el MRC documentó sus cargos a la conducción de Balbín: 1) “no haber comprendido la reacción popular que terminó por arrancar al régimen la apertura hacia la institucionalización y asegurar el proceso democrático sin criticar al oficialismo” (ese papel lo tuvo Perón y su Movimiento); 2) “el lenguaje metafórico y oscuro”; 3) “énfasis. . . en la pacificación, la integración social y la conciliación. . . apareciera como neutral”; 4) “no comprendió la juventud” ni tuvo “poder de convocatoria”; 5) “no haber sabido evaluar el papel del trabajo organizado” 68.

Las críticas parecen irrebatibles y prefiguran un avance considerable del sector Alfonsinista sobre la UCR. Así lo indica la organización del sector Renovación y Cambio de Córdoba (Storani-Becerra) diferenciándose de los aliados Angeloz-Martínez. Se definen aún más los contenidos políticos del sector, sobre todo con respecto al gobierno peronista posterior al 13 de julio de 1973. Así lo expresaba el semanario Replanteo dirigido por Raúl Borrás al afirmar que “si bien era posible coincidir con el Justicialismo en programas comunes, no existe liderazgo carismático capaz de sustituir al pueblo organizado” y la crítica de Roque Carranza al “paquete de leyes económicas; en una nota titulada: ‘Sólo tres leyes para el análisis y otro año que se pierde’“ 69.

Se señala el carácter “burocrático sindical” del desplazamiento de Cámpora y Solano Lima. Existe una tendencia a ubicarse a la izquierda del Peronismo y criticándolo.

Balbín, manteniendo la independencia del partido, plantea una política de respaldo institucional y se convierte en interlocutor del gobierno. Es esta dualidad la que va a explicar el fracaso del planteo renovador de Alfonsín. El tipo de oposición planteado por Balbín impulsaba la conciliación mientras que Alfonsín planteaba la superación y crítica. El que primara tendría que ver con la eficiencia del partido gobernante. Y en el período 1973-74, mal que le pesara a Roque Carranza, el caudal de políticas que se desarrollan desde el gobierno prestigian al peronismo y sobre todo la relación Perón-Balbín cobra una importancia política interpretada de manera distinta por los radicales. Para algunos ahí residía la causa del fracaso ya que significaba abandonar la actitud independiente tradicional del partido. Para otros era correcta porque de hecho apuntaba a definir como adversario del futuro a un peronismo desmitificado: es decir, un peronismo sin Perón VIVO, un peronismo al que se le podía ganar en las elecciones; en síntesis ante las realizaciones, la concentración de poder y la política de unidad nacional de Perón no había que ser opositor al estilo 46-55 sino concertar políticas.

Esta última actitud fue la que sostuvo Balbín y ahí reside el éxito alcanzado en las elecciones internas del partido en 1974. En la provincia de Buenos Aires Balbín alcanzó 70.994 votos contra 39.316 de Alfonsín (éste retrocedió en más de 15 votos con respecto a la fórmula presidencial del 72)71.

Este arrollador triunfo del Chino se produce después de la expulsión de los Montoneros de la Plaza de Mayo, y del asesinato (el 11 del mismo mes) del padre Mujica. Perón-Balbín en ese año garantizaban seguridad de un sistema basado en la tolerancia y el consenso.

El caudal de Alfonsín no puede desdeñarse pero a poco más de un año de la primera derrota electoral de marzo del 73 no tiene posibilidad de impugnar la reelección de Balbín (necesitaba 2/3 partes de los miembros del Comité Nacional).

En las elecciones del 19 de mayo se produce otra victoria trascendente de Balbín: en Capital Federal el alfonsinismo sale tercero (con 7.500 votos menos que en noviembre de 1972) y por lo tanto sin poner a nadie en el Comité Nacional por dicho distrito 72.

Esta situación del alfonsinismo puede comenzar a modificarse a partir de la muerte de Perón el primero de julio de 197473. El principal factor de poder del gobierno desaparece, los extremos políticos comenzarán a enfrentarse cada vez más desembosadamente dando por tierra con la vocación de unidad alrededor de la presidenta. En ese marco las actitudes de Balbín y Alfonsín se acercan en cuanto se alejan del gobierno de María Estela Martínez, pero la lucha interna se mantiene en el interior del partido. Estas diferencias no eclosionaron sino que se integraron de manera perfecta en la elección de gobernador y vice en la provincia de Misiones del 13 de abril de 1975.

El candidato a gobernador de la UCR, era un alfonsinista (Ramon Barrios Arrechea) ya que en el distrito triunfó ampliamente en las elecciones internas de mayo del 74. Balbín hace campaña en la provincia: la unidad del partido estaba garantizada. Tanto el oficialismo (sube del 35,10 al 46,45%) como el radicalismo (sube del 25,40 al 39,20%) mejoran sus posibilidades y demuestran la polarización interna ¿se avanzaba al bipartidismo?74.

La conspiración militar y el Proceso de Reorganización Nacional postergaron por más de ocho años la respuesta.

 

IV. La UCR: de Balbín a Alfonsín

Ante el inminente golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 los dos partidos mayoritarios fueron incapaces de una actitud clara. El oficialismo se había aislado con respecto a su propia fuerza política y esta misma no se caracterizaba ya por tener una mística transformadora, sino más bien un afán de alcanzar las elecciones presidenciales adelantadas al mes de septiembre.

El radicalismo expresó su impotencia (impotencia de casi toda la clase política argentina con excepción del liberalismo autoritario que participa activamente en el golpe) al señalar Balbín en el discurso previo al golpe, que se había quedado sin respuesta y lo único que reivindica es llegar de cualquier manera (con muletas dice) pero llegar a las elecciones. Ambos partidos, en definitiva, a través de sus conducciones se asumen como administradores de la crisis política, facilitando así el golpe de Estado y su seudo legitimidad.

Al peronismo le va a costar cuestionar la ilegitimidad reaccionaria. Pesa, sobre todo, el hecho de ser protagonista del fracaso gubernamental (sobre todo a partir de la preeminencia de López Rega en 1974). A los radicales la teoría del vacío de poder y del desquicio gubernamental en lo económico 75 les basta para reacomodarse a la próxima salida política.

Durante más de tres años las actividades políticas se redujeron al mínimo y con la asunción de Viola parece que el “tiempo político” del Proceso comenzaría. La confluencia de partidos (Justicialista, MID, PI y Demócrata Cristiano) que promueve la UCR (la Multipartidaria) se pone a la cabeza de la exigencia por la normalización institucional (1981). Pero el hecho que desencadena la acelerada retirada militar fue obviamente la guerra de las Malvinas (1982).

A partir de septiembre de 1981, con la desaparición de Balbín, se le allanan las posibilidades de acceder a la conducción del Partido de Alfonsín. Dos elementos al margen de su voluntad se la facilitará: 1) la división que impide una conducción homogénea de Línea Nacional y 2) la existencia de sectores claramente continuistas (el ejemplo claro García Puente) en el balbinismo. El segundo aspecto es el menos importante por el caudal de políticos del “proceso” que terminarán respaldando a Alfonsín, pero igualmente la lucha interna contra De La Rúa en Capital Federal por lo menos alcanzó niveles de enfrentamiento entre dos partidos más que líneas internas del mismo 76. Los tres grandes nucleamientos al año 1982 eran el MAY (Movimiento de Afirmación Yrigoyenista) cuyo candidato; a presidente era Luis León (de origen balbinista); MRC (Movimiento de Renovación y Cambio) que se alía con Línea Córdoba (Angeloz-Martínez) y por último la vacilante Línea Nacional que no coincide en una sola nominación a presidente motivando el distanciamiento de Pugliese (enero de 1983) y luego el nacimiento del Balbinismo Auténtico. La fórmula De la Rua-Perette no podía atraer ni a los propios radicales, por lo tanto menos a un nuevo electorado expectante.

En tanto, Alfonsín inició su campaña interna como convocatoria de voluntades planteando un nuevo radicalismo, es decir la política residió en convocar aun nuevo actor interno al radicalismo para definir un nuevo estilo; la cuestión era afiliarse a la UCR para evitar que esa fuerza siguiera controlada por el punterismo político tradicional; era necesario superar la “máquina” ya que ésta sirve para controlar pero nunca para hacer crecer a una fuerza política.

La convocatoria a profesionales e intelectuales (semejante a la promovida por el Frondizismo en 1957 y por el Peronismo en 1972), a la juventud, a la mujer, a los trabajadores, hizo del oficialismo el discurso más racionalmente preparado (incluyendo la introducción de teorías de comunicación para incrementar las posibilidades de triunfo).

Inclusive la existencia de una adhesión juvenil de clase media le permitió la creación de estructuras políticas “militantes” o “de participación” (los comités radicales ganaron la calle, los “talleres” se convirtieron en instancia de organización de profesionales, técnicos o intelectuales donde la “libertad” era el eje de mayor convocatoria).

Más allá de definir el contenido del discurso alfonsinista (¿o hay que hablar de los discursos?) se aprecia un proyecto que se planificó para el triunfo en todos sus detalles sabiendo que tenía organicidad con la tradición política argentina y su estructura económico-social. La primera y fundamental etapa de Alfonsín fue ganar el control de la UCR; la presencia de un Peronismo alvearizado le posibilitó acceder al gobierno y por ende al poder.

 

V. La campaña electoral y el resultado de las elecciones del 30 de octubre de 1983 

Las antinomias con más fuerza en el proceso electoral fueron: democracia y autoritarismo englobando también la de peronismo-antiperonismo. El radicalismo planteó claramente la primera antinomia y definiéndose como la única expresión de democracia.

En esa demostración atacó fundamentalmente al peronismo, y sobre todo al sector de los dirigentes sindicales. El objetivo era polarizar políticamente al electorado y darle posibilidades al nuevo radicalismo.

Aunque aparentara un retroceso con respecto a 1973, la antinomia democracia-autoritarismo reflejaba más la realidad política que la de liberación-dependencia. El proceso militar significó la mayor concentración de poder o poder totalitario del país, el sentimiento generalizado era el de rechazar lo militar y alcanzar a recuperar niveles de libertad individual o social.

La democracia aparecía como la única alternativa posible.

Ahora bien, el alfonsinismo señalaba a las Fuerzas Armadas como expresión del autoritarismo, pero también los componentes violentos, fascistas y patoteros del sindicalismo y el peronismo. La lucha por la democracia tenía que hacerse también en el seno del sindicalismo y restringiendo poder al peronismo.

Alfonsín lograba así una ambigüedad convocante necesaria para alcanzar el triunfo. Concitaba adhesiones de sectores juveniles vinculados al cambio con la, guiñada de ojo a las fuerzas conservadoras (sin candidato alguno) con la posibilidad única de ganarle legítimamente al peronismo. El enfrentamiento al pacto sindical-militar significó ampliar el nivel de confluencia de sectores extrapartidarios, conscientes de que sus partidos a nivel presidencial no tenían chance. Por lo tanto se volcaron sectores de izquierda, centro y derecha a la alternativa no peronista. Porque a pesar de que Alfonsín hiciera referencia a una continuidad histórica donde Perón y Evita estaban incorporados como factores de justicia social, la tradición política radical era insospechada de cualquier “renuncio” al respecto.

A esta convocatoria nacional tenemos que adicionarle un elemento clave: el personalismo. La UCR era Alfonsín, la posibilidad del crecimiento electoral giraba alrededor de este hecho. Si el “punterismo” político radical fue desbordado por los nuevos afiliados a la UCR, ya se prefiguraba una elección fundamentalmente sobre una persona. El rédito político es que definió una sola conducción (de la interna, de la campaña), es decir, fortaleció el criterio de credibilidad y de autoridad de la UCR. Las diferencias internas del partido radical aparecían desdibujadas por el desarrollo de un programa de acción política que tenía como eje a Alfonsín. El no peronismo había encontrado por primera vez una figura no deteriorada políticamente.

La política de convertir la disputa interna de la UCR como una campaña preelectoral, le dio a Alfonsín una característica fundamental: la iniciativa siempre fue suya, nunca la perdió e hizo girar al peronismo alrededor de su figura y su partido 79.

La renovación política estaba exaltada por la fórmula Somos la Vida: era el intento de desvincularse de la violencia de la historia reciente y plantear un cambio que posibilitara llegar a un nuevo orden. Dentro del viejo estaban los que habían ejercido la violencia: el Proceso y el Peronismo; el Proceso a partir de los secuestros, asesinatos, torturas y sobre todo por la posibilidad de la guerra con Chile del año 79 y la delirante decisión de la guerra de las Malvinas; el Peronismo por la violencia existente en su propia lucha interna y por la reaparición de expresiones violentas y de muerte del pasado: las Tres A y los Montoneros. Y el Peronismo no discriminaba su pasado, aparecía asumiéndolo todo y no entendió que sin hacer una evaluación del último tramo del gobierno de Isabel era imposible remontar la identidad. La identidad peronista del 83 incluía el período 74 a 76 y si no se la revisaba y reemplazaba por otra era obvio que pesaba sobre el electorado indeciso que quería confiar en un proyecto realizable.

La iniciativa de Alfonsín tuvo justamente ese nivel de moderación y liviandad que posibilitó interpretar determinado estado de hartazgo de la sociedad argentina; todo lo que significara concentración de poder o búsqueda de poder total irritaba o alejaba a parte del electorado.

Ante esto el peronismo ofrece candidaturas como Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel, máxima autoridad residente en el país del Partido Justicialista. Esa expresión del sindicalismo (y no de la clase trabajadora ya que el congelamiento que produce la Revolución Argentina, el gobierno peronista y el Proceso de Reorganización Nacional hace difícil saber la real representatividad de los dirigentes) en detrimento de los políticos sirvió para representar un tipo particular de alvearización: el supuesto elemento de “representar” la “base social” del peronismo hacía inútil cualquier tipo de reactualización de propuestas. El poder sólo se iba a usar para control o imposición de políticas sectoriales (sindicales únicamente) que iban a ejecutar los sectores de la rama política por corresponderle todavía las candidaturas máximas del PJ 80. La mediocridad de este planteo no podía competir con la estrategia única y personalizada de la UCR.

Hasta el pasado de la UCR, elemento que da más problemas al partido radical, es reivindicado a partir del mítico gobierno de Illia, insuficiente para cualquier convocatoria nacional por falencias graves de legitimidad y operatividad transformadora, pero suficiente en cuanto imagen civil, honesta y no violenta. La liviandad del radicalismo se expresa en el rescate de este “padre de la democracia” que asumió con el 25% del electorado y no fue capaz de enfrentar los poderes que lo condicionaron desde el principio.

El planteo de Alfonsín, al rescatar distintas tradiciones políticas: los conservadores, los socialistas, los demócratas progresistas, los peronistas, la democracia cristiana, le sirve para convocar a adherentes de esos partidos políticos (sobre todo los no peronistas) ya que les ofrece una alternativa real de ganarle al peronismo. Pero también lo pone en la cresta de una línea histórica (como completando todas) que aparece resumido en ese “rezo laico” que hacía ante las “procesiones laicas” el recitado del Preámbulo de la Constitución Nacional. En este planteo juntaba la defensa de la democracia implícita en el contenido constitucional, con la idea fuerza de la unidad de los argentinos.

Es decir: la ambigüedad convocante del mismo Preámbulo parecía dar un contenido de Partido de los Argentinos a la UCR; ésta aparecía desbordando los sectarismos y limitaciones de otros partidos (sobre todo el peronismo). Esa misma unidad exigía esa mínima definición, esa liviandad tan exitosa en el 83 y que no hubiera servido electoralmente en el 73.

El éxito cuando se enfrentan dos contendientes o proyectos depende de las calidades de los dos.

Veamos ahora las del Peronismo, en este caso escuetamente:

1)      Carencia de figura convocante con poder propio (existen poderes heterogéneos);

2)      Invocación a las fuerzas propias y una similar liviandad en cuanto a la democracia para todos, aunque parcial;

3)      El proyecto: el pasado (incluso sin discriminar);

4)      Poca credibilidad de propuestas sectoriales por algunos candidatos y algunas conducciones. Existía una Presidenta del PJ que no hablaba y un vicepresidente primero al que no lo dejaban hablar. La particularidad de esta estructura política implicaba una subvaloración del pueblo argentino;

5)      La adhesión obtenida demuestra que en la polarización electoral se votó al peronismo como factor de realizaciones históricas desde 1945: También lo votaron quienes pretendían la definición de un cambio social y el peronismo era la expresión de ese cambio. Los que eligieron la urgencia de sus intereses (los más desposeídos) ya que sabían que iban a encontrar más rapidez en la administración peronista (a este sector quizá representaba más Herminio Iglesias en Buenos Aires) y esto quizá explica la victoria justicialista en provincias pauperizadas por el Proceso.

Esta serie de errores, planteos y postergaciones eran producto de una actitud compartida por la inmensa mayoría de los peronistas: la certeza del triunfo.

A partir de lograr la unidad se alcanzaba el poder y por lo tanto esa unidad se entendió como ocultamiento de las diferencias, como un delicado “equilibrio de impotencias” detrás de un objetivo máximo y común que era el Estado.

Allí, en el Estado, se iban a producir los enfrentamientos que iban a dirimir el poder dentro del Movimiento Peronista.

La ambigüedad convocante y la liviandad de propuestas definen un hecho inédito de la Argentina, que encuentra un peronismo falto de conducción y operando a partir de respuesta-reacción del que mantiene la iniciativa política.

 

Estas identidades enfrentadas van a expresar un predominio de más del 12% del electorado para la UCR, ya que según define R. Rojas Breu en su trabajo sobre la campaña (seguido en el análisis precedente) “definió un nuevo liderazgo e incorporación de nuevos sectores a la política” (jóvenes y mujeres fundamentalmente).

 

VI. Alfonsín y la democracia 

El viejo tronco radical junto con los jóvenes (quizá fundamentalmente de clase media), las mujeres, el electorado antiperonista, permitieron a Alfonsín la incorporación de sectores de otros partidos políticos (del desarrollismo, de línea popular, el socialismo democrático) además de la adhesión que logró como candidato presidencial de la FUFEPO, la UCD de Alsogaray, el resto de fuerzas conservadoras provinciales, etc. Quizá fue importante, a nivel profesional, la de muchos intelectuales (vinculados al campo de las ciencias sociales) que provenientes de concepciones políticas totalizadoras van a reivindicar, como la gran mayoría de los argentinos, el sistema democrático. Convirtieron a la democracia en un instrumento finalista de la política. He tomado el de Angel Flisfisch, sociólogo chileno, por parecerme el mejor resumen dentro del planteo 82.

 

La “nueva” democracia ¿o la democracia “boba”?

El carácter defensivo que asumen los partidos vinculados al cambio social en América latina a partir de la doctrina de la seguridad nacional y el Estado autoritario, se expresa también a los intelectuales del cambio que comienzan a revalorizar la democracia e intentan convertirla en el ámbito necesario para cualquier transformación.

Ahora bien, el planteo reside en superar el marco de la democracia jurídica formal del liberalismo clásico latinoamericano y alcanzar “. . .una práctica política guiada por las siguientes orientaciones fundamentales: 1) . . .prácticas efectivas de autogobierno; 2) . . .expansión de los ámbitos de vida sometidos a control personal; 3) . . . proceso de fragmentación o socialización del poder; 4) . . . restitución. . . a la colectividad de capacidades y potencialidades personales. . .”

La idea que alimenta esta “nueva” teoría de la democracia es que “la sociedad civil debería hacerse más pública y, correspondientemente, más política”83.

Esto implica rechazar la concepción de Estado napoleónico entendido como “. . .sistema susceptible de construirse racionalmente y científicamente, y capaz de superar por medios tecnoburocráticos el peso de la tradición y las especificidades históricas, estas últimas interpretadas como rémoras o factores de atraso”. En definitiva es una visión crítica del leninismo latinoamericano, asumido superficialmente a fines de la década del sesenta y reemplazada hoy por esta “nueva democracia”.

Los dos elementos, a mi entender, insuficientes, de este planteo residen en: 1) no rescatar los componentes históricos existentes en América latina haciendo creer que esto es un nuevo producto de la situación continental; básicamente en la Argentina la concepción de democracia social integrada reivindicada por Perón desde su retorno inicial en noviembre de 1972, que expresa con claridad un cuestionamiento a la concepción de poder total que subyacía o definía a parte del pensamiento político del 73; 2) la escasa incidencia que se adjudica a la planificación, es decir, al destino de una comunidad definido por el Estado y las organizaciones intermedias que por la situación de dependencia y los profundos intereses internos hacen ineludible la confrontación.

Estos teóricos que señalan las dificultades del planteo tienden a delegar en el tiempo la resolución de los conflictos y en este aspecto terminan coincidiendo con el partido radical y su postura tradicional desde la división del 56. El principismo moral y la democracia como sistema que impregna la acción política del Estado definen una práctica que retornó la planificación ya en 1964 con el Plan Nacional de Desarrollo y en los objetivos del gobierno de Alfonsín 84.

La dificultad reside en tomar el modelo de la democracia europea, con un sistema estable y gran tolerancia que expresan un alto nivel de cultura política, en una sociedad latinoamericana tensionada socialmente y con núcleos de poder autoritario en sus fuerzas armadas y sectores empresarios que son conscientes de que una democracia independiente de ellos es incompatible. El tiempo aparece, pues, como un elemento desestabilizador si no se concreta en realizaciones. El durar no significa gobernar, ya que esta acción pasa fundamentalmente por alcanzar objetivos definidos por una conducción política que se adecue a los sectores sociales y políticos que compartan la transformación, pero no subordinan sus objetivos a los proyectos elitistas y antinacionales.

 

El gobierno de Alfonsín

Existe una actitud general ante el poder por parte del radicalismo, pero en dos tiempos políticos que tienen que ver con la relación con el peronismo y sobre todo con el sindicalismo peronista.

El planteo general es aquél donde el componente moral (Kraussista lo define Alfonsín en su discurso de asunción) cobra importancia política y el otro es una visión del Estado como entidad política por encima de los intereses concretos. El elemento moral alimentaría la actitud de los gobernantes como buenos administradores de un orden social establecido tratando de coordinar los intereses contrapuestos para alcanzar la situación óptima de no conflicto. La integración social y política de la comunidad sería el resultado natural de un proceso histórico de gobiernos democráticos, y se llega a una situación de “preeminencia de procesos comunicativos tendientes a la generación de un marco institucional, de cultura política y de identidades colectivas”. 85

Este planteo no toma en cuenta el hecho de excepcionalidad que sufre nuestro país. La crisis política, moral, económica de la Argentina exigía una campaña de “reparación” que demostrara una vocación transformadora y una convocatoria a la realidad del país. Lo terrible del país es que tampoco el peronismo estaba ni está a la altura de dicha crisis. Los dos partidos mayoritarios se han asumido como administradores del tiempo más que como agentes del cambio. La latinoamericanización de la tradición política argentina es un éxito obtenido por el Proceso.

Ahora bien, Alfonsín no tuvo esta actitud “administradora” en el tema sindical. En ese tema planteó gobernar “a su manera” y generó su política de más enfrentamiento a un poder de la Argentina: eso fue el proyecto de Ley de Reordenamiento Sindical. Priorizó el cumplimiento de su campaña electoral, pero aisladamente (incluso a pesar de la importancia del sector) ya que se fue más concesivo en el continuismo universitario, militar, de funcionarios del Proceso y de la justicia. La supuesta teoría de no abrir demasiado los frentes de conflicto pareció que se ensañaba con el sector gremial y favoreció la polarización del conflicto. Y por ende su fracaso. Cuando el Senado rechaza el 15 de marzo del 84, la media sanción de la Cámara de Diputados, se inicia una modificación de la política que demuestra que la iniciativa la tiene Alfonsín y que el resto de las fuerzas responden.

El 27 de marzo Alfonsín designó a Hugo Barrionuevo (dirigente fideero) de la Comisión de los 20, como delegado presidencial, para encauzar el tema de la normalización sindical.

Esto fue el fin de Mucci. Su reemplazo por Juan Manuel Casella y el acuerdo obtenido alrededor del reglamento electoral y la devolución de las obras sociales indican que la concertación y la estabilidad son priorizadas por el gobierno. El acuerdo del 7 de junio, fundamentalmente con el Peronismo a través de Isabel, el Comando y el Consejo Nacional Partidario reafirma esta postura. El énfasis sobre la unidad nacional impregna la convocatoria del gobierno. Las libertades públicas son las reivindicadas como la realización más concreta y mantiene una actitud de indefinición en el proyecto económico por la prioridad otorgada al tema de la deuda externa. Al convertir a ésta en el eje de la actividad gubernamental en el ámbito de la economía postergó debates sobre prioridades de desarrollo, de inversión industrial, de modelo de crecimiento que anuló la posibilidad de discutir alternativas a los componentes políticos y sociales del país 86.

Esta situación de indefinición programática se expresa en el contenido de dos discursos: el del 10 de diciembre de 1983 y el del 23 de marzo de 1984. Entre ambos está el rechazo del Senado a la Ley de Reordenamiento Sindical.

En el primero exalta la ética de procedimientos y la convocatoria al futuro desde un Estado independiente y con protagonismo popular. Se reivindica la promulgación de un Plan Nacional de Desarrollo en los marcos de la planificación democrática y exige sindicatos no politizados pero democráticos. Con respecto a la política internacional el planteo es el de no ser peones de las superpotencias.

En el segundo discurso hace un diagnóstico internacional más dramático: confronta los países centrales con los de la periferia; las hegemonías constituyendo las dependencias y allí ubicando el tema de la deuda externa (en el enfrentamiento Norte-Sur).

Por eso reivindica que la empresa es de todos los argentinos e introduce una programática transformadora: industria de base, autoabastecimiento, incorporación de ciencia y tecnología y con una base de justicia social.

Vuelve a plantear su gobierno como elemento que rescata lo mejor de las tradiciones políticas argentinas señalando que el Yrigoyenismo y el Peronismo no modificaron la situación heredada de dependencia. Vuelve a convocar al futuro y señala que los enemigos son los sectarios y dogmáticos. El Plan Nacional de Desarrollo no vuelve a ser recuperado en los siguientes meses de su gobierno. La concertación y la unidad nacional son reivindicadas como la necesidad de la hora para la resolución del problema de la deuda externa.

Lo que aparece reflejando Alfonsín en la forma de acceder al gobierno, ha sido más una retirada forzosa del liberalismo autoritario que una conquista del pueblo movilizado. La cuota de racionalidad que intenta buscar en la sociedad política choca con la tradición de los poderes internos que tratan de mantener a toda costa sus reivindicaciones sectoriales; el objetivo radical de que el Estado aparezca poco choca con la multiplicidad de conflictos que toman a la democracia como alternativa de cambio.

Maquiavelo decía que todo príncipe nuevo (forjador de un nuevo Estado) tenía dos misiones fundamentales: establecer una nueva legislación y modificar los hábitos del pueblo, en definitiva, realizar una revolución. No se ve transitar a ese príncipe ni en el radicalismo ni en el peronismo.

 

 NOTAS

1 Luna, Félix: Alvear - Buenos Aires Libros Argentinos, 1958, página 185. Obviamente es la etapa juvenil de Luna y enmarcado en su participación en la UCRI de aquellos años (candidato a diputado por la Capital) sirve para ver las críticas de los sectores intransigentes al alvearismo

2 Ibid. página 185.

3 Alessandro, Darío: Conferencias sobre la UCR dictadas en el Instituto para la Cultura Política, Buenos Aires, 29 de mayo y 5 de junio de 1984.

4 Se desvincula FORJA del radicalismo al no considerar prerrequisito para ser miembro la afiliación en la UCR. Hay una tajante frase de Santiago Echevarría “convenzo a un muchacho y cuando éste viene esperanzado a nosotros ¿cómo quieren que le diga: primero, métase en el fango, en el emporcamiento del radicalismo y recién después lo voy a afiliar?” Si vinculamos esto a que la UCR de la Capital en 1943 apenas contaba con un 20 % de afiliados menores de 20 años y que FORJA en todo el país no llegaba a más de cien personas activas (Darío Alessandro) vemos las limitaciones de las dos estructuras políticas.

5 Luna, Félix: op. cit. página 308.

6 Gómez, Alejandro: Política de entrega - Buenos Aires, Peña Lillo 1963 página 394.

8 Gómez, Alejandro: op. cit. página 45.

9 Ibid. páginas 41 a 43. Es interesante la visión de la derrota por alguien que fue de la UCRI y luego volvió al tronco radical, obviamente el planteo todavía está influido por el frondizismo.

10 Es importante ver la relación de la UCR con la conspiración militar. Después del bombardeo a Plaza de Mayo y el discurso de conciliación nacional de Perón, la UCR -Comité Capital- señala el 11 de junio de 1955 que una medida de reconciliación sería una amnistía amplia e impostergable “sin distingos ni limitaciones que comprenda los delitos políticos y conexos con ellos, cometidos por militares y civiles”. Obviamente son los revolucionarios del 51 y ¿acaso los que bombardearon en junio? Clarín, 12 de julio de 1955.

11 Obviamente porque la dictadura “asfixiante”, denunciada por Alconada Aramburu en 1984, se lo había quitado todo.

12 Gallo, Ricardo: Balbín-Frondizi: la división del radicalismo (1956-58) Buenos Aires, EB 1983, página 47.

13 Ibid., página 52.

14 Díaz, Fanor: Conversaciones con Rogelio Frigerio - Buenos Aires, Colihue-Hachette 1977, página 33.

15 7°) Repudio al sabotaje y a la conspiración que pretendía derrocar a la Revolución Libertadora.8°) Defensa de los ideales de la Revolución Libertadora. Programa y bases de acción política 16 de febrero 1957 del Comité Nacional Provisorio de la UCR (posteriormente UCRP) presidido por Crisólogo Larralde, Perette, Sanmartino, Rabanal y Gamond en Gallo, Ricardo: op. cit., páginas 150 y 151.

16 Cavarozzi, Marcelo: Sindicatos y Política en Argentina: 1955-58 - Buenos Aires, EstudiosCEDES N° 1, 1979.

17 Alconada Aramburú debe caracterizar a esta dictadura como “oxigenante” ya que él es ministro, y nada menos que de Interior (el que regula la válvula). Este teórico de la educación radical señalaría así sus diferencias con Delich ya que no hay sólo democracias y autorítarismos, sino que ambas se pueden subdividir en “asfixiantes” y “oxigenantes” siendo ésta la nueva contradicción principal (¿o fundamental?). El problema se da cuando surgen las instancias ambiguas, que nos atrevemos a denominar “flatulenta”, porque aparentan oxigenar pero desde el mal olor (su propio ministerio, el de Mor Roig con Lanusse y los embajadores e intendentes volcados al “proceso” son ejemplos seleccionados).

18 Los premios que habían recibido previamente por el gobierno militar eran los siguientes: Alconada Aramburu: hasta 1952 Secretario de la Cámara Civil y Comercial de La Plata, en ese año se le rechazó la renuncia y se lo exoneró; en 1955 se lo designa fiscal de Estado en La Plata; Acdel Salas se mantuvo en el cargo de Secretario del Juzgado en lo Civil N° 12, en 1955 se lo designa vocal de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Eduardo Bergalli accede a la función pública en 1955 como adscripto a la vicepresidencia de la Nación (Rojas) y Director Nacional de Ferrocarriles. La Nación, 26 de enero de 1957.

19 Gallo, Ricardo: op. cit., página 155.

20 Ibidem., página 157.

21 Ibid., página 159.

22 La dictadura obviamente es la de Perón. Noticias Gráficas, 20 de enero de 1957.

23 Zalduendo, Eduardo: Geografía electoral de la Argentina-Buenos Aires. Ancora - 1958, página 32.

24 Perón-Cooke: Correspondencia I. Buenos Aires, Parlamento 1984, página 251. Carta del 28 de agosto de 1957, Cooke a Perón.

25 Ibidem., página 258.

26 Clarín, 22 de febrero de 1958, página 7.

27 Noticias Gráficas, 22 de febrero de 1958, página 8.

28 Ibidem.

29 Ibidem, 21 de febrero de 1958, página 14.

30 Gallo, Ricardo: op. cit., página 171.

31 Primera Plana N° 35, página 4, 9 de julio de 1963. En el momento que se publicaba esto, Onganía era el Comandante en Jefe del Ejército.

32 Ibid., página 5.

33 Primera Plana N° 37, 23 de julio de 1963, páginas 6 y 7; Santiago del Castillo presidió la UCR hasta 1954 y era miembro de la línea Sabattini.

34 Primera Plana Nº 35, 9 de julio de 1963, página 8.

35 Primera Plana N° 36, 16 de julio de 1963, página 8.

36 Primera Plana N° 165, 4 de enero de 1966, página 10. Salvo el que y quien los subrayados son míos. ¿De dónde nace la concepción corporativista con verdadera posibilidad de realización? ¿del peronismo o de los “intelectuales” de los servicios de inteligencia (?) militar?

37 “. . .los señores colorados fueron sacados del Ejército por un decreto-ley; yo no podía eliminar a unos, poner a otros y rodearme de un grupo militar que me apoyara A mí me echaron los señores azules. . .”. Declaraciones del ex presidente Illia en Bariloche a un periodista. Primera Plana N° 298, 10-9-68, página 20.

38 Conferencias del mayor (R) Pablo Vicente en la Unión Básica “Unidad Nacional” el 27 de mayo de 1983.

39 Primera Plana N° 205, 29 de noviembre de 1966, página 18.

40 Ibidem, página 19.

41 La figura de “pacto” es usada por Primera Plana para desacreditar la unión de los dos grandes partidos. Primera Plana N° 238, 18 de julio de 1967.

42 Primera Plana N° 302, 8 de octubre de 1968, página 20.

43 Primera Plana N° 288, 2 de julio de 1968, páginas 14 y 15.

44 Periscopio N° 9, 18 de noviembre de 1969, página 13. Esta predicción periodística se cumplirá el 26 de mayo de 1971 cuando asuma como Ministro del Teniente General Lanusse. En el reportaje de la misma revista reafirma una actitud histórica de la UCRP: “. . .fuimos parte de la Revolución Libertadora: no podemos negarlo”.

45 Entre los incitadores del “cambio” se cita a Balbín, Ricardo Lavalle, Anselmo Marini y al aparente reubicado Raúl Alfonsín. Periscopio N° 25, 30 de diciembre de 1969.

46 Subrayado mío. Periscopio N° 25, 10 de marzo de 1970.

47 Ivancich, L.N. y Wainfeld. M.: El gobierno peronista 1973-1976: Los Montoneros, Buenos Aires, Revista Unidos N° 2, julio de 1983, página 76.

48 Acuña, Marcelo Luis: De Frondizi a Alfonsín la tradición política del radicalismo/2,Buenos Aires, Biblioteca Política Argentina Nº 49 CEAL 1984. El subrayado es mío.

50 Panorama N° 211, 11 de mayo de 1971, página 10.

51 Análisis Nº 531, 18 de mayo de 1971, página 17.

52 Confirmado Nº 312, 9 de junio de 1971, página 19.

53 Análisis N° 528, 27 de abril de 1971, página 20.

54 Ibidem.

55 Confirmado Nº 314, 23 de junio de 1971, página 18.

56 Confirmado N° 313, 16 de junio de 1971, página 16.57 Análisis N° 570, 18 de febrero de 1972, página 15.58 Ibidem, página 16.

59 La Nación, 14 de abril de 1972, página 13.

60 Crónica, 14 de abril de 1972.

61 La Nación, 15 de abril de 1972.

62 En las elecciones internas del radicalismo capitalino no aparece diferenciado el alfonsinismo ya que existe una lista Unidad que nuclea a la mayoría de los sectores internos y luego otras dos listas Renovación y Liberación que ninguna de ellas logra sacar el 25% para ser minoría. La Nación, 22 de mayo de 1972.

63 La Nación, 19 de junio de 1972.

64 La Nación, 25 de septiembre de 1972.

65 El incremento de votos se da fundamentalmente por la existencia de 59.163 afiliados más en la provincia de Buenos Aires para estas elecciones. La Nación, 26 de noviembre y 20 de diciembre de 1972. La única provincia donde no se realizaron las internas fue Misiones, por problemas de padrón.

66 Podemos hablar de un movimiento nacional de liberación cuando una personalidad política a partir de su convocatoria (interpretación y resolución de los problemas nacionales) logra concitar una mayoría electoral o movilizada, por encima de las estructuras organizativas existentes, para transformar las relaciones de poder interna y externa de la sociedad. Perón siempre alcanzó esa representación nacional.

67 Panorama Nº 309, 29 de marzo de 1973 y Análisis-Confirmado Nº 633 y 411 respectivamente, 1° de mayo de 1973.

68 Acuña, Marcelo Luis: Op. cit., páginas 207 y 208.

69 Panorama N° 328, 30 de agosto de 1973, página 10.

70 “. . .el alfonsinismo concibe para sí un destino de importancia. El ideólogo del periódicoReplanteo, vocero de ese sector radical, es un periodista experto en temas militares, interlocutor frecuente del coronel Corniccelli en los últimos tiempos del gobierno militar. Radical, ex desarrollista, este politicólogo escribió recientemente. . . para un boletín confidencial. . . ‘en caso de que Perón llegara a retirarse de las funciones que ejerce, es evidente que crecerá el papel de la oposición y, sobre todo, de la Unión Cívica Radical’ ‘El peso político de las Fuerzas Armadas, lógicamente, no sería el mismo en relación al estado actual de cosas’ “. . .fuera del Peronismo se especula con un cambio de situación, determinado por la atomización del movimiento mayoritario y la reaparición del Ejército Liberal en escena, lo cual le permitiría a un no peronista, suceder a Perón en el poder. . . un hombre sin desgaste, con buena imagen y con fiable para el progresismo local. . .”. Señala después varios modelos de gobiernos ‘militares y llega a afirmar que el chileno de 1973: “guerra interna” es inviable. Cuestionario Nº 12, abril de 1974 - La sucesión, página5.

71 La Opinión, 11 de mayo de 1974, página 12.

72 La Opinión, 21 de mayo de 1974, página 8.

73 En el famoso discurso de despedida de Balbín a Perón creo que ha escapado al análisis de los intérpretes que menciona siete veces la palabra “muerto” y dos figuras semejantes como “restos” o “vino a morir” (nueve menciones y no a ti muerte sino al muerto, y eso en un discurso no mayor de diez minutos).

74 Cuestionario Nº 25, mayo de 1975, páginas 6 y 7.

75 Extra Nº 131, mayo de 1976, página 18.

76 El “Chupete” de la Rúa cargó sobre sus hombros haber sido elegido por el diario “La Nación” como el representante de la generación intermedia radical con más posibilidades de “modernizar” a un viejo partido inadecuado a los nuevos tiempos de la eficiencia y la reorganización.

77 Delich, Francisco J.: Crisis y protesta social. Córdoba, mayo de 1969 - Buenos Aires, Ediciones Signos 1970, página 65.

78 El término ambigüedad no es peyorativo ya que cualquier convocatoria nacional en un país de la heterogeneidad del nuestro siempre lo incluye.

79 Elemento que sigue en la actualidad, ya que mayoritariamente el peronismo se sigue referenciándose al gobierno más que definir objetivos propios e identificantes. En la campaña electoral esto se expresó en las consignas (no rompan más las bolas no ven que somos más. Para ser alfonsinistas dos cosas hay que tener, la bandera de los yankis y las llaves del cuartel. No sos el Pocho ni el Chino Balbín, no sos un carajo Raúl Alfonsín. A nosotros no nos banca ni la Coca ni la Ford, es decir el elemento referencial era Alfonsín más que cualquier propuesta propia.

80 A este predominio sindicalista favoreció la profunda división de la “rama política” ya que la candidatura máxima salía de sus filas. El interés concreto separó a los dirigentes más notorios del PJ que optaron por una negociación por separado con el “jefe” de las 62 y con el que manejaba los congresales nacionales de la provincia de Buenos Aires.

81 Rojas Breu, Rubén: Análisis sobre la campaña electoral UCR-PJ trabajo inédito, Buenos Aires, 1984.

82 Flisfisch, Angel: El surgimiento de una nueva ideología democrática en América Latina, en Crítica y Utopía Nº 9, Buenos Aires, mayo de 1983.

83 Ibidem, página 12.

84 Discurso de asunción ante la Asamblea Legislativa. Clarín, 11 de diciembre de 1983.

85 Flisfisch, Angel: op. cit., página 28.

86 Ferrer, Aldo: Charla sobre Argentina en el sistema económico dictada en el Instituto Para la Cultura Política, Buenos Aires, 15 de mayo de 1984.

 
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