|
|
escrito por Nicolas Fernandez
|
|
Senador por Santa Cruz.
Sr. Presidente (Pampuro). — Tiene la palabra el señor senador Fernández. Sr. Fernández. — Señor presidente: la verdad, en mi condición de presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, me veo absolutamente liberado de fundar en Derecho la Resolución: tanto el señor senador Jenefes como el señor senador Marcelo Guinle han sido no sólo contundentes, sino tremendamente claros a la hora de vestir de ropaje constitucional esto que opinan algunos comentaristas interesados, cuya cartera de clientes coincide con exportadores, y cierta gente con expectativas de juicio contra la República Argentina. Por ello, la asepsia de las opiniones la puse en duda en el primer momento y, obviamente, ahora ratifico esta posición. En ese aspecto, me parece que hemos dado una clara señal de que el ropaje constitucional que viste la Resolución está fuera de toda duda. Pero voy a empezar con la opinión de lo que durante mucho tiempo en la República Argentina fue el libro de cabecera de muchísimos economistas y políticos que tenían en el Fondo Monetario Internacional la luz o la estrella que alumbraba el camino. El Fondo Monetario Internacional, en una nota reciente, indica que si los precios de los alimentos y del petróleo siguen aumentando, algunos gobiernos caerán pronto en la incapacidad de alimentar a sus pueblos y de mantener, al mismo tiempo, la estabilidad de sus economías. Asimismo, el FMI puntualiza que el costo va a representar muchísima cantidad de millones de dólares, poniendo inclusive en riesgo el PBI de esos países. La FAO habla de 52 millones de latinoamericanos bajo la línea de pobreza. Con respecto a la rentabilidad del agro y del resto de la economía, les pido por favor que recordemos que la devaluación significó, por un lado, aumento de rentabilidad; pero, por el otro, el sector que más aportó a esa rentabilidad fue el asalariado, al que efectivamente nadie recordó o, al menos, no en la forma debida. Cuando invitábamos a los sectores del campo a hacer una reflexión en el sentido de que hoy era posible cambiar la chata, comprar el tractor e invertir en tecnología, no lo hacíamos desde un aspecto agresivo. De hecho, en la época anterior, sin retenciones, no había productividad: estaban todos fundidos, y esta realidad, además, era expulsiva de la gente del interior. Cuando hablábamos de los hijos, no hacíamos referencia a un pasaje de la historia. Recordemos la realidad que tuvimos que enfrentar. Hay algunos que no sé de qué lado de la realidad analizan la historia reciente de la República Argentina. Tendría mil cosas para decir. Hay ciertas reflexiones de algunos senadores que quiero compartir con ustedes. Estoy convencido de que este debate profuso, que tuvo la visita de funcionarios, de representantes del sector, ha dejado algunas cosas en claro. En algunos segmentos, recojo el debate ideológico, político; en otros, estoy convencido de que, además, hay una especulación absolutamente condenable, que esconde pequeños y mezquinos intereses partidarios. Desde lo ideológico, no me cabe ninguna duda de que nosotros hace rato que optamos por un Estado que pueda intervenir en el manejo de la moneda y romper con las asimetrías que generan las fuerzas económicas. Hay otros que, obviamente, abrazan el modelo del librecambio: creen en el Estado gendarme, en el Estado ausente. Creen en el Estado que, efectivamente, es un mero articulador de gestiones. Nosotros creemos en un Estado presente, en un Estado articulador. Ideológicamente no tenemos fisuras, por lo menos, los del bloque oficialista. Entre Mariano Moreno y los pandilleros del Barranco, históricamente estuvimos con Mariano Moreno. No estuvimos con los pandilleros del Barranco —que hoy vuelven a aparecer vestidos de institucionalidad—, cuyo único fin era perseguir las comisiones de los negocios de la exportación. Nosotros queremos la Argentina federal, que quede claro. Creemos en la Argentina del productor de soja, de cerezas, de maíz y de arroz. Pero —como dijo el señor senador Ríos hoy a la mañana—, “la mesa está tendida”. Está servida para hablar de una política agropecuaria que todo el mundo declamó, pero que está ausente hace más de cincuenta años en la República Argentina. En este Parlamento, hemos votado más de quince leyes en procura de ayudar al sector agropecuario, y estamos dispuestos a hacer esto último. En este momento, estamos discutiendo sobre la soja y el girasol, pero nosotros somos defensores del productor; del que trabaja la tierra. No estuvimos nunca, jamás, con el latifundista ni con el terrateniente, porque ellos —y nadie lo dice— están esquilmando al productor. El 70 por ciento del campo argentino está arrendado, está alquilado —algunos se hacen los distraídos, pero esto es así—, y el costo del arrendamiento significa para algunos segmentos casi el 60 por ciento de la rentabilidad. Esto implica que el pobre chacarero del que estamos hablando, el pequeño productor por el que nos rasgamos las vestiduras, de cada 100 pesos debe dejar 60 al propietario. Esto es renta parasitaria. A ese pequeño productor que decimos defender lo estamos obligando, con 40 pesos, a comprar semillas, a fertilizar, a pagar salarios e impuestos. ¡Mentira! Lo estamos obligando a negrear. Lo estamos obligando a no fertilizar. Usemos el informe del INTA. No nos hagamos los distraídos. El INTA dijo que el 90 por ciento de la producción de soja no es autosustentable. Entonces, están destruyendo el suelo.Y yo me acuerdo —porque la historia sirve para leer, pero también para aprender— lo que pasó con La Forestal. Aquí había sectores que la defendían. Hoy hay sectores que la siguen defendiendo, a pesar de que el ejemplo que brindé del pueblo La Gallareta, concretamente en el Chaco santafesino, es real. Era un pueblo vestido de fiesta, un pueblo modelo, con todos los servicios públicos; pero hoy es un páramo donde sólo hay arena. En consecuencia, si no ponemos el ojo donde hay que ponerlo, estaremos de la mano de este debate, constitucional y metodológico, dinamitando el futuro de la República Argentina. Por otra parte, quiero decir que efectivamente, desde lo ideológico, no puedo condenar el voto de Pinedo, porque él es genéticamente eso. No estamos con ese Pinedo ni tampoco con Federico Pinedo —su abuelo—, que creó el Banco Central y generó la norma que privatizó la legislación de esa institución, luego derogada por Perón. Quiero recordar esto, ya que nombramos mucho a Perón. Del mismo modo, tampoco estamos con el Pinedo que en este mismo recinto, como ministro de Justo, vino a decir lo que algunos también hoy, quizás, repetirían más allá de que los tiempos han cambiado: que, efectivamente, nosotros somos pequeños satélites en la órbita de las grandes naciones mundiales. Definitivamente no estamos con ese Pinedo ni estamos con este Pinedo. Sin embargo, eso no me libera de no comprender algunas actitudes. Cuando analizo los votos de la Cámara de Diputados, a Pinedo lo tengo como referencia, y lo que no puedo entender es cómo, con Pinedo, votaron y votan sectores que hablan de la redistribución de la renta, de la redistribución de la riqueza, y del pobre. Además, está la circunstancia de que lo hacen sectores que apoyaron las retenciones del ex presidente Duhalde. Entonces, ¿sabe por qué no entiendo, señor presidente? Porque el ex presidente Duhalde sabía qué pasaba en la República Argentina cuando él gobernaba con debilidad institucional. Y me hago eco en este aspecto de la historia que parcialmente recordó el señor senador Adolfo Rodríguez Saá, de esa historia en la que, en honor a la verdad, los santacruceños fuimos solidarios en muchas votaciones. De hecho, cuando pasó lo que pasó, estuvimos del lado de la institucionalidad, mientras que otros, no. Pero quiero que reflexionemos concretamente sobre el hecho de que este es un tema muy cargado de historia. El ex presidente Duhalde, cuando detectó efectivamente lo que significaba la legislación vergonzosa que permitía que el sector agropecuario de la República Argentina tuviera un privilegio respecto del momento en que se cancelaban las retenciones —cancelaban sus impuestos porque lo hacía al valor de compra del productor y no al de declaración—, emitió el decreto 618 de 2002, y lo hizo como decreto de necesidad y urgencia. En sus fundamentos, decía el entonces presidente de todos los argentinos que esta situación determinaba la forma excepcional que tenía el sector en la República Argentina que se constituía en la manifestación de una inequitativa carga tributaria. Resulta conveniente efectuar y equiparar a este sector con el resto de los sectores de la exportación argentina, porque es imperdonable que, en los momentos que vive la República Argentina, este sector —el exportador agricultor de la República Argentina— tenga este privilegio. Duhalde corrigió y puso en paridad al sector agroexportador con el resto de las exportaciones de la República Argentina, y lo hizo por vía de un decreto de necesidad y urgencia el 16 de abril. Se publicó en el Boletín Oficial el 17 abril. ¿Saben cuánto duró? Cuarenta y ocho horas. El 19 de abril, dos días después de su publicación, como consecuencia de la fuerte presión del sector y frente a la debilidad institucional que sufría ese gobierno —que había dejado en la puerta a un gobernador de la liga federal y con ruidosas manifestaciones de la sociedad—, tuvo que derogarlo porque, en definitiva, le pareció que era más conveniente no enfrentarse con este sector por no tener la fortaleza institucional para hacerlo en ese momento. Entonces, me parece muy importante que nosotros pongamos las cosas en claro. No estamos hablando de cosas menores. Mire el caso del reloj del galés. Indudablemente, había un campesino que no es éste. Si aquél al que decimos defender tiene que subsistir con un tercio, acá hay una renta parasitaria que estamos ocultando. Cuando el amigo Urquía me habla de los grandes, chicos y medianos que explotan sus tierras, está haciendo referencia al 30 por ciento. No hay "asociativismo" posible si no tenemos una ley de arrendamiento y terminamos concretamente con la especulación dañina que estamos permitiendo que tengan sectores de la economía concentrada, a espaldas de una discusión técnica ¿Saben por qué discutimos muy fuerte y por qué hay tanta cosa dando vueltas? Porque estamos hablando 2.200 millones de dólares.Estamos hablando de plata, de intereses Si nosotros consolidamos esta retención, hay sectores que tienen que poner esa plata, e indudablemente no quieren hacerlo. Puedo imaginarme una resolución que pretenda consensuar, pero tengo que seguir cediendo; y tengo que hacerlo ante sectores con los que resulta cómodo ser solidario. Acá hay gente que habló de desnutrición, de mortalidad infantil, de pobreza y de desocupados. Es más difícil ser solidario con ellos, porque son los invisibles del modelo; pero es más justo, más lógico y más racional ser solidario con los que efectivamente necesitan que nosotros tengamos solidaridad. Nosotros no estamos negando la discusión de un proyecto agricultor. Lo que no queremos es hacerlo de la mano de la presión y de la improvisación. —Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente del H. Senado, don Juan Carlos Romero. Sr. Fernández. —Cuando vino el secretario de Agricultura, pidió que hiciéramos aportes, y, en el cierre de las reuniones de comisión, solicité que se armara una mesa de aportes. Ahora bien; lo que estuvo ausente en la República Argentina desde hace más de 50 años no se lo pueden demandar a este gobierno en 48 horas y de la mano del apriete. No nos hagamos los distraídos. En esta República Argentina, cuando se tocó la Resolución, tenía que ver con desacoples de precios. Después, a lo largo del debate, se fueron haciendo correcciones, se segmentaron los productores… Sr. Presidente (Romero). — Señor senador, me indican que se ha cumplido su tiempo. Sr. Fernández. — Voy redondeando. Sr. Presidente (Romero). — Por favor. Sr. Fernández. — Le pido la misma tolerancia que ha tenido con otros, señor presidente. Sr. Presidente (Romero). — Ya se la ha tenido, señor senador, porque ha hablado quince minutos, que era el máximo de que disponía. Sr. Fernández. — ¿La idea cuál es? Que pongamos blanco sobre negro. Acá no estamos discutiendo la constitucionalidad de una medida o no. No estamos discutiendo si esta medida va a defender al pequeño productor, porque no es cierto. No vamos a poder avanzar a favor del pequeño productor con este esquema, sin la ley de arrendamiento y sin corregir nosotros los desvíos que tenemos en algunos exportadores, que por una interpretación tramposa han evadido impuestos, situación que vamos a tratar en forma conjunta, para erradicarla de las sombras de la duda. Debemos tener claro el sentido de que, con el gobierno anterior y con el actual, hemos construido, juntos, un montón de cosas. Parece que algunos ignoraban que teníamos un 30 por ciento de desocupados, un cepo en la jubilación, una deuda externa, que hemos ahorrado 70 mil millones de dólares. ¿Dónde creen que están los tenedores de esos títulos sino es merodeando alrededor de nosotros, a ver si efectivamente hay institucionalidad o no? Cuando hablo de solidaridad, me refiero a que si no hay retenciones, entonces, que no haya para nadie. Porque no puede ser que la coparticipación de la provincia de Santa Cruz, que los salarios en la provincia de Santa Cruz y que las inversiones en la provincia de Santa Cruz tengan como límite la retención del petróleo. ¿Saben por qué no se discute la retención del petróleo? El senador Romero lo sabe perfectamente. No se discute porque está en el bolsillo de 40 millones de habitantes. Por eso es más difícil discutirlo, porque lo que se subsidia de nafta, gasoil y gas, la tarifa plana, está en el bolsillo de 40 millones de habitantes. Esta retención es distinta, porque no es visible lo que estamos haciendo con la retención. Estamos discutiendo contra intereses poderosos; muy poderosos. No es verdad que no está en juego la institucionalidad. ¡Sí está en juego la institucionalidad! Hay sectores que la quieren correr. No me canso de identificar que hay sectores que no están en este juego, pero que han perdido el eje. Hemos perdido el eje del debate. Nosotros estamos tornando a los pequeños y medianos productores en rehenes de una situación para la que no estamos legislando. Estamos legislando a favor de las altas rentas concentradas. Después nos tenemos que dar el trabajo de discutir todo eso. Pero esta es la herramienta ordenadora. No podemos perder de vista el montón de cosas que todavía tenemos por realizar. Pero miremos para atrás y hagámonos cargo. En las herramientas, podemos tener diferencias… Sr. Presidente (Romero). — Señor senador, le recuerdo que respete… Sr. Fernández. — Gracias. Después voy a insertar mi exposición. |
| |