Inicio arrow Sobre Norberto arrow Los amigos arrow Norberto Ivancich, a cinco años

NOVEDADES

Norberto Ivancich, a cinco años PDF Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   

Luis Norberto Ivancich (28/8/58-26/6/05), fue docente, investigador, sociólogo, sindicalista, funcionario. Militante peronista con actuación en la Universidad y en el peronismo porteño por casi 35 años.

Protagonista y testigo de gran parte de la historia política argentina reciente. Si arrancamos de sus inicios, Norberto fue uno de los jóvenes que se sumaron a la política cuando todas las vías de participación estaban prohibidas y en particular el peronismo estaba proscrito con su líder en el exilio.

Cuentan algunos, que lo conocieron en su carácter casi de canillita cuando intentaba difundir en la Universidad el periódico de la CGT de los Argentinos, núcleo de la resistencia a las políticas de la dictadura de ese entonces.

A esos años debía su apodo de Croqueta, por el que muchos de sus compañeros y adversarios de entonces lo seguían llamando 30 años después. La militancia universitaria juvenil lo llevo a la JP y luego a los Montoneros que lo terminaron sacando de quicio con el asesinato de Rucci.

Participó con un rol muy activo en la escisión de la JP Lealtad, que no tuvo espacio político para desarrollarse como alternativa, pero tuvo el valor político que tiene toda disidencia.

En el período de la dictadura participó en la presentación que hiciera el entonces vicepresidente del PJ, Deolindo Bittel, en 1979 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.Fue uno de los fundadores y miembro del consejo de redacción de la Revista Vísperas, que desde 1979 circuló entre la militancia peronista. Otro aporte de Norberto al debate político de la época fue la generación informal de espacios para el debate en los kioscos-librería que regenteaba, en los que se juntaban los militantes como si se tratara casi de unidades básicas.

La restauración democrática encontró a Norberto participando en el sector del peronismo que, alineado primero con Bittel y luego con Antonio Cafiero, comenzó a forjar la renovación peronista.

Fue uno de los fundadores y miembros del consejo de redacción de la Revista Unidos, desde donde impulsó la renovación programática y metodológica del peronismo. Dirigió la efímera Unidos Universidad en la que plasmaba la visión de la renovación peronista sobre la Universidad.

Su militancia territorial se concentró primero en un local de Córdoba y Gascón y luego en Gurruchaga, mientras que participaba en el ámbito universitario de la UBA en minoría frente a la hegemonía radical, en el ámbito profesional en el sector profesionales del PJ Capital, y en el ámbito sindical en la UDA.

Mientras tanto seguía dando clases en distintas universidades donde sus cátedras eran verdaderos foros de debate y formación.Fue un acérrimo opositor al menemismo desde sus orígenes y no lo votó ni en las presidenciales de 1989.

Participó desde el inicio del Grupo de los 8 diputados peronistas opositores a la política del menemismo, escribiendo además en coautoría “La carpa de Alí Babá” y luego “La traición de Alí Babá”, primeros libros de denuncia de la época, que fue además la carta de presentación del grupo.Aún sin mucho espacio en el peronismo de los 90, no lo abandonó, y se sumó esperanzado al espacio opositor que presagiaba la formación del Grupo Calafate.

Aunque en una época temía por el carácter excesivamente gastronómico de las reuniones del grupo en la Ciudad de Buenos Aires (las primeras reuniones fueron cenas en casas particulares de algunos integrantes y una broma de la época era “vamos a ver cuando nos invite Croqueta a su casa” – dos ambientes, mesa chica redonda, pocas sillas usables, pilas de diarios y libros por todas partes), Norberto fue un fervoroso participante del grupo desde sus orígenes.

Apoyó la candidatura presidencial de Duhalde en 1999, mientras muchos de sus antiguos compañeros protagonizaban el ascenso vertiginoso de Frepaso. La gestión de la Alianza lo encontró una vez más en la oposición, aunque muchos de sus antiguos amigos, ahora ocupando cargos públicos de la mano del Frepaso, buscaban sus consejos y su colaboración.

Durante la gestión de Duhalde tuvo alguna participación en el llamado Diálogo Argentino, y desde el comienzo se enfrascó en la campaña a la presidencia de Néstor Kirchner.

La asunción de Kirchner significó para Norberto la responsabilidad de ejercer un cargo de conducción en el estado nacional. Si bien Norberto era un gran conocedor del estado siempre había participado como asesor de otros compañeros más consustanciados con la conducción política del momento, a la que él casi siempre se sentía ajeno.

Era la primera vez que se lo convocaba para un cargo de conducción en el marco de un proceso político del que se sentía parte en el estado nacional. Curiosamente le plantearon tres opciones, entre las que eligió a la Subsecretaría de la Gestión Pública, que si bien parecía la más burocrática, al mismo tiempo era la que tenía mayor potencial transformador.Como responsable de una subsecretaría que aglutinaba varios “organismos rectores” siempre planteó el principio de la solidaridad institucional: si un organismo estaba en problemas, él asumía el problema como propio.

Para Norberto, el Estado del 2003 estaba en estado de emergencia o de excepción, los mecanismos institucionales “normales” no eran suficientes para dar cuenta de la situación y se requería de la construcción de consensos y mecanismos especiales para que el estado tienda a recuperar capacidades mínimas para la gestión.

Norberto valoraba enormemente el saber tecnopolítico, pero condenaba públicamente cuando algunos autoproclamados “técnicos” asumían un discurso único y percibían a los políticos como unos maleducados que no comprendían que lo único que había por hacer era aplicar las recetas tecnocráticas en boga.

Al mismo tiempo le costaba entender cuando veía demoradas la implementación de algunas medidas que consideraba urgentes.

Odiaba la simulación que en muchos aspectos de la gestión pública se produce por la inconsistencia entre las normas existentes y la realidad en la que el Estado tiene que operar.

Sin embargo el tema que más lo indignaba era que el Estado no reconociera la relación de empleo con las personas contratadas que trabajaban en condiciones precarias, sin aportes, obra social, licencias ni vacaciones.

Fue una gran satisfacción para él y tal vez la última de sus obras cuando logró luego de meses de arduo trabajo técnico y negociaciones entre varias áreas del Estado y los gremios que se pasara masivamente a la mayoría de los contratados a un régimen de contratación con relación de dependencia.

Eso ocurrió cinco días antes de su muerte, en el salón blanco de la Casa de Gobierno, aunque lamentó que para esa ocasión no se convocara a la totalidad de los gremios que habían participado en las negociaciones.

Dos días antes de su muerte, sus compañeros en la gestión lo homenajearon por cumplirse sus dos primeros años. El, con su eterna humildad, seguía diciendo “todavía no se dieron cuenta”, “todavía no me echan”, como un apóstol que se considera insignificante ante la magnitud de la tarea que tenía por delante. Así se nos fue, como había vivido, pensando más en sus obligaciones que en sus derechos, en rendir cuentas de lo que no había podido hacer y en buscar los caminos para seguir adelante.

Nunca se quejó de su destino, sólo de no haber logrado más.

 

Del prólogo del Libro Escritos Peronistas de Norberto Ivancich, por Jorge ETcharran, Javier Fevre y Mariano Fontela

 

 

 
< Anterior   Siguiente >
BlueBusiness by luka@kujawa.biz