Inicio arrow Por Norberto arrow Los ochenta arrow La larga marcha: de la institucionalización del PJ, hasta la instauración del menemismo

NOVEDADES

La larga marcha: de la institucionalización del PJ, hasta la instauración del menemismo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Norberto Ivancich   
La derrota electoral que el Peronismo sufrió en las presidenciales de 1983, desataron en el partido una crisis respecto al rumbo que el mismo debía tomar. A pesar del golpe que significó aquel resultado, el proceso de re definición no fue inmediato; por el contrario la ortodoxia que había llevado a la derrota, resistió durante al menos dos años en la conducción del partido. Será la Renovación quien comience a plantear la necesidad imperiosa de una transformación. El artículo siguiente nos presenta los pasos de este proceso a través de los congresos partidarios, la conformación de la renovación y finalmente la interna partidaria que definirá la candidatura de Carlos Menem a la presidencia en 1988.
Los congresos Nacionales del Partido Justicialista antes de la renovación partidaria

El análisis de los congresos partidarios del PJ es recuperado desde un determinado interés: resaltar el proceso de casi cinco años que llevó al peronismo adecuarse, como fuerza política, a las nuevas situaciones nacionales e internacionales 1.

Ese tiempo transcurrido demostró la persistencia de los sectores que fueron definidos como “los mariscales de la derrota” del 30 de octubre de 1983, la primera elección en la que la estructura electoral justicialista fuera vencida, habiéndose realizado este hecho en un proceso político sin proscripción y sin limitaciones de ninguna índole para la participación política partidaria y la expresión de la identidad peronista.   Así cobra relevancia observar el proceso de transferencia que se va produciendo en el seno del peronismo: de las grandes líneas nacionales, o sectores que siempre representaron fuerzas de ese tipo, vemos el surgir y la consolidación de sectores partidarios cada vez más representativos del sistema federal de gobierno.  

Es decir, las provincias y su representación política van cobrando cada vez más protagonismo en el escenario de la toma de decisiones. No porque antes no lo tuvieran, sino que en el pasado esos poderes eran tamizados o mediados desde la lógica del poder central, desde el campo de definiciones que sustentaban y desarrollaban las políticas rectoras que tendían a ser siempre “nacionales”.   No importaba si el dirigente que las sintetizara fuera o no del interior, lo importante es que su predicamento se extendía más allá de las representaciones provinciales y casi podríamos decir que “obligaba” a las mismas a subordinarse a una propuesta nacional. 

La derrota del Partido Justicialista en la puja electoral para la presidencia de la Nación no impidió su triunfo en la mayoría de los 22 distritos provinciales 2 (no existía la autonomía de la ciudad de Buenos Aires, ni la provincia de Tierra del Fuego en ese entonces), generó un particular y efectivo federalismo acentuado por el mismo oficialismo nacional, es decir la UCR, ya que le interesaba establecer negociaciones con los múltiples actores dispersos del peronismo más que una concertación con la conducción unificada de la única fuerza de oposición que podía llegar a reemplazarlo, por el caudal electoral que mantenía.  La persistencia de los responsables genéricos de la derrota, particular mezcla de fuerzas “nacionales”, como el sindicalismo o las 62 Organizaciones, y liderazgos provinciales, también ayuda a explicar la acentuación de dicho federalismo. Los poderes que podían confrontar con esa conducción que no se rendía, que no aceptaba la lógica de renovarse, solo podían ser los partidos justicialistas triunfadores en cada distrito, es decir, los gobernadores. Los cuales constituían una de las parcialidades que habían conformado a la conducción del PJ desde su congreso de febrero de 1976. 

Con este artículo queremos indicar cómo se comienza a plantear dicha tendencia y cómo se jerarquizará la capacidad de constituirse como un candidato “potable” hacia afuera e “inclusivo” hacia adentro; pero, sobre todo, demostrar la habilidad para controlar un distrito y de expresar de manera casi monolítica, una fortaleza local capaz de resistir cualquier contingencia política que afecte negativamente a la estructura partidaria “nacional”. 

Primer Congreso: 3 y 6 de Septiembre de 1983 Ciudad de Buenos Aires, Teatro Lola Membrives

El Congreso expresó la conformación de la unidad que fue propia del Peronismo en la apertura democrática. La convicción de sentirse mayoría perenne y segura, llevó a la dirigencia del PJ a sostener larvadamente sus diferencias en el interior del partido y, postergando así cualquier cuestionamiento a las políticas y autoridades que eran protagonistas de las últimas épocas.  

El Congreso concretó nuevamente la alianza que se había establecido en febrero de 1976, casi un mes y medio antes del golpe de estado. Esa alianza se había establecido entre el sindicalismo, hegemonizado por la UOM y las 62 Organizaciones con la incorporación de los sectores combativos que habían asumido un rol subordinado a los sindicatos tradicionales del sector, y los sectores políticos provenientes del interior del país, cuya expresión más nítida era Felipe Deolindo Bittel, de la provincia del Chaco.  

La diferencia en 1983 residía en que se perfilaba un candidato que podría ser el Presidente de la Nación, Italo Argentino Luder, y algunas figuras que constituían proyectos novedosos, pero también subordinados a la lógica de la unidad, como el MUSO (Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización que nucleaba tanto a Cafiero y sectores políticos y sindicales con nuevas orientaciones como era el caso de la Comisión Nacional de los 25, el sector del escribano chaqueño Bittel, sectores provenientes de la ex Juventud Peronista de las Regionales (como representó la revista Vísperas y posteriormente Unidos) o el sector de Convocatoria Peronista (que nucleaba a quienes habían estado unidos en el Comando Tecnológico Peronista -CTP- en la década del 70 pero que aparecía como proyecto novedoso por su discurso adecuado a los nuevos aires democráticos y que nucleaba a protagonistas como Carlos Grosso y Miguel Angel Toma -Capital Federal-, Roberto Carignano -Santa Fe-, José Octavio Bordón -Mendoza-, Remo Constanzo -Río Negro- y otros dirigentes).  

El CTP había sido un grupo conducido por el Teniente Julián Licastro durante los primeros años de la década del 70; nucleó a sectores provenientes del catolicismo que se habían volcado al peronismo como es el caso de los ex seminaristas Grosso y Toma o dirigentes estudiantiles de la Universidad del Salvador como Bordón y Jorge Cabodeassi. Los principales dirigentes del grupo se habían quedado en el país, no siendo el caso de Licastro; por eso, a principios de la década del 80, Grosso asume la conducción del grupo y se desvincula del dirigente exiliado, dándole una impronta muy particular a la nueva agrupación. Otra característica de algunos dirigentes de Convocatoria Peronista será su vinculación al grupo SOCMA, de Franco Macri. Algunos de ellos serán gerentes del conglomerado del empresario mencionado, sobre todo su máximo dirigente y Bordón en Mendoza. En las elecciones partidarias de Capital Federal, se presentó esta agrupación interna como Lista Naranja y llegó a reivindicar como fórmula presidencial la de Luder - Grosso.  El principal problema para resolver la definición de la fórmula presidencial se vislumbraba en el interior del MUSO donde existían dos candidaturas probables, la de Antonio Cafiero y la de Bittel. Aunque ya para agosto del '83 había decaído la posibilidad de ambos por el arrollador respaldo que habían conseguido los grupos que se reverenciaban en la candidatura de Luder, en las elecciones internas para la elección de autoridades partidarias y congresales.  

En este sentido, el PJ, y su carta orgánica, planteaba que sus candidaturas surgirían de un Congreso partidario, dado que no existía la alternativa de la elección directa de los candidatos. Por ello, después de las elecciones internas de los distritos, Luder apareció como el candidato natural del Partido por el amplio respaldo que habían conseguido las listas que aparecían respaldadas por él, vía solicitada en los diarios. 

En el proceso de tratar de alcanzar la candidatura presidencial, el escribano Bittel había establecido una fuerte alianza con el jefe partidario de la provincia de Buenos Aires, Herminio Iglesias, que llevó a este último a convertirse en una de las figuras más influyentes en el armado partidario de dicha provincia y en la posterior definición de sus candidaturas. Por ello, a Iglesias, le quedó expedito el camino para llegar a ser candidato a gobernador, cuestión que trató de impedir Cafiero cuando, desahuciado para la fórmula presidencial, trató de alcanzar la de primer magistrado provincial.El fin del MUSO se concreta cuando queda la mayoría del mismo alineado en el congreso partidario detrás de la fórmula Luder - Bittel, y la minoría de Cafiero y los sectores sindicales de los 25 tratando de alcanzar la gobernación de Buenos Aires, tarea imposibilitada por la alineación de Iglesias al armado mayoritario del Congreso.  

La mesa chica del Congreso tenía como principales protagonistas a la conducción de la UOM - 62 Organizaciones, a Bittel, a operadores de Luder y a Herminio Iglesias, quedando las otras parcialidades partidarias sujetas a la voluntad de los que nucleaban la mayor cantidad de congresales, no por control propio, es decir una disciplina organizacional, sino por la capacidad de ofrecer una alternativa que representaba al resto de los sectores más lábiles del congreso, dejando reducido a una simple minoría a quienes pretendían otra cosa. 

Las minorías más visibles fueron las de dos expresiones distintas, una, individual, la de Carlos Menem, candidato a gobernador de La Rioja, que planteó en el Congreso la candidatura de Isabel Perón, quedando totalmente aislado dentro de un espacio político que se creía mayoritario pero no suicida. Fue más que nada una demostración de su voluntad de señalar lo distante que estaba de los llamados “arreglos cupulares” que lo habían excluido. El otro vestigio del “verticalismo” isabelista de los setenta, fue más bien ideológico, y lo representó el Comando de Organización (C de O), que con la presencia de sus militantes, ya no jóvenes y ya no tantos, uniformados en pantalones y camisas caqui, en las puertas del teatro en la avenida Corrientes, reivindicaron la candidatura de la exiliada ex presidente tanto para conducir el partido como para participar en la máxima fórmula.  El carácter inercial del congreso partidario de septiembre de 1983 lo demuestra también la elección de la autoridad partidaria. Predominó la lógica de representar la unidad a través de recuperar, como en 1974, el apellido Perón. La Presidente del Partido electa fue María Estela Martínez de Perón, Lorenzo Miguel, Secretario General de la UOM y de las 62 Organizaciones, como autoridad predominante desde la Vicepresidencia.  

El resultado electoral del 30 de octubre de 1983 tendría que haber influido en la organización partidaria. Vale la pena mencionar el texto de uno de los protagonistas de ese momento: “Porque no hay, ni puede haber, vigencia perdurable si el peronismo no aceptaba realizar un ejercicio profundo de su autocrítica, una indagación precisa de su identidad en este momento histórico, de su misión en la sociedad argentina y de los valores e ideas/fuerza que nutren su ideología. No podría haberla tampoco sin la necesaria renovación generacional y sin el paso al costado de los hombres que hicieron posible su primera derrota. Y no podría mantenerse sin la legitimidad original que sólo puede otorgar la decisión del propio pueblo peronista”3.  La importancia de esta afirmación es que pone en el tapete los elementos posteriores de la renovación: valores de la ideología, la decisión del pueblo peronista y paso al costado de la dirigencia de la derrota. En este caso veremos el largo camino que transitó la renovación que comenzó a desplegarse desde 1984. 

Segundo Congreso: 15 Diciembre de 1984 Ciudad de Buenos Aires, Teatro Odeón

Se ratificó la conducción de los sectores oficialistas, es decir, la ortodoxia partidaria: 62 Organizaciones, Lorenzo Miguel como Vicepresidente 2° y alianza con el PJ de Catamarca, expresado por el Senador Nacional de esa provincia y presidente del bloque de senadores del PJ, Vicente Leónides Saadi, Vicepresidente 1°, y el PJ de la provincia de Buenos Aires, Secretario General Herminio Iglesias (candidato a gobernador derrotado en las elecciones del 30 de octubre de 1983). Sigue como Presidente del Partido María Estela Martínez de Perón. Contó con el respaldo de 10 de los 13 gobernadores peronistas. Durante el mismo se produce una agresión sobre el gobernador de La Rioja, Carlos Menem, a través de insultos y empellones.  La alianza establecida en el Congreso va a romperse por la intención de los sectores vinculados a las 62 Organizaciones de acentuar su predominio aún más tratando de instalar al gobernador de Santa Fe en la conducción partidaria en lugar de Saadi como vicepresidente 1º. 

Tercer Congreso (Extraordinario): 2 y 3 de Febrero de 1985 Termas de Río Hondo, Santiago del Estero

Este ha sido uno de los congresos donde existió predominio de la renovación partidaria, aun gregaria y sin conducción establecida, más bien como representación de una voluntad de cambio, que de línea partidaria claramente delimitada. Este encuentro extraordinario también expresó, de hecho, una división del Partido, ya que un sector del PJ del Odeón no concurre y pretende anular la convocatoria, tratando de lograr una reunión del Consejo Nacional partidario para invalidado, un día antes del Congreso que se reunía en la provincia de Santiago del Estero, la cual sin embargo fracasa. 

Se trató de un Congreso Extraordinario logrado por la voluntad de más de 400 congresales y fue habilitado por el presidente del Congreso Nacional partidario (Raúl Bercovich Rodríguez de la ortodoxia cordobesa). Acompañaron la convocatoria el Vicepresidente 1º Saadi, el secretario Oraldo Britos y la mayoría de los vocales.  

El desencadenante de la crisis de las autoridades electas en el Congreso del Odeón fue la intención e imponer como Vicepresidente 1º a José María Vernet, gobernador de Santa Fe y hombre de la UOM. Esta pretensión de controlar y hegemonizar al PJ por parte de uno de los principales protagonistas de la derrota electoral de octubre de 1983, Lorenzo Miguel, fue el catalizador para la constitución de la mayoría precaria de la renovación y del equilibrio de posiciones que demostró el Congreso de Río Hondo. La percepción generalizada residió en que se había generado la oportunidad para concretar la renovación partidaria, tan duramente resistida por los “mariscales de la derrota” que detentaban el control del partido.  Los concurrentes fueron 85 diputados nacionales sobre 111 del Partido Justicialista, 10 gobernadores sobre 13, 17 senadores nacionales sobre 21 y 412 congresales nacionales sobre 658 (los electos en las elecciones previas a la salida electoral de 1983).  

Esto demuestra el nivel de representación interna lograda y porqué se constituyó en la esperanza de una renovación rápida del Justicialismo. Por ello concurren como parte del público dirigentes enrolados en la renovación partidaria como Antonio Cafiero, José Manuel De la Sota, la Revista Unidos, y múltiples sectores de la militancia política anti oficialista, es decir, militantes vinculados a las expresiones organizativas de los 70, ahora vinculados a nuevas prácticas y agrupaciones que no necesariamente expresaban una unidad definida, pero que compartían una visión diferente del peronismo.  De los grupos sindicales, los presentes fueron los vinculados a la Comisión Nacional del Trabajo - CNT (Jorge Triaca, Délfor Giménez, Armando Cavalieri y Andrés Rodríguez) y a los 25 Roberto García, José Rodríguez, Víctor de Gennaro, Roberto Digón, José Ravitti y Osvaldo Borda) es decir, los opuestos a las 62 Organizaciones. Estos visualizaban en el congreso de Río Hondo la posibilidad de compensar un poder concentrado como era el de la UOM.  ¿Qué características tuvo el Congreso? “El Congreso de Río Hondo ha consagrado un nuevo estilo en la conducción partidaria: el debate abierto, la pluralidad de opiniones expresadas sin temores ni intimidaciones de por medio, el diálogo creador, se expresaron rotundamente en las deliberaciones del recinto y en los pasillos y salones aledaños. Revivieron la 'confianza en el triunfo y la confraternidad de destino' que otrora fueron las notas características de nuestra vida movimientista” 4. 

Los objetivos a alcanzar en el Congreso eran los de definir el voto directo para la elección de las autoridades partidarias y, por ende, de los candidatos para competir por los cargos electivos, tomando al país como un distrito único o respetando las jurisdicciones partidarias provinciales; y en otro orden de temas, se buscaba lograr la intervención a la provincia de Buenos Aires, bajo la égida de Herminio Iglesias.  Con respecto a la elección de autoridades partidarias se definió que fuera a través de los distritos provinciales. “Todas las provincias quedan en un pie de igualdad: integran el Consejo Nacional a razón de cuatro delegados por distrito, elegidos por el voto directo de los afiliados, quienes eligen de entre ellos la Mesa Ejecutiva Nacional”5. Esto significó consolidar fundamentalmente a los gobernadores que habían sido electos en 1983 y comenzó a prefigurar un nuevo modelo de organización partidaria que tendió a reemplazar, casi inercialmente, a las líneas nacionales que habían definido el tipo de conflicto en cada etapa de su historia en el interior del Peronismo. Esto no fue inmediato, ya que primero se hacia necesario constituir un ámbito nacional de referencia política de la renovación, pero fue una tendencia imparable, aún cuando el PJ dejara de ser oposición en 1989. El mismo Antonio Cafiero lo plantea en su texto: “Personalmente estimo que la reforma debió comprender la elección directa de por lo menos el presidente y los tres vicepresidentes del Partido, uno por rama [sindical, mujer, juventud], convirtiendo a tal fin a todo el país en distrito único”6.  Se declaró la intervención del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires designándose un interventor santiagueño, el senador Luis Salim. Ello significaba dejar sin representación al peronismo de Buenos Aires, hasta que se resolviera la situación del mismo. 

Asimismo se constituyó una conducción provisoria alternativa a la del congreso del Teatro Odeón. Esta conducción mantuvo la presencia de la ex presidente de la Nación como máxima autoridad. El criterio utilizado para la conformación del resto de los miembros del partido fue propuesto por el gobernador Carlos Juárez de Santiago del Estero: provisoriamente y por única vez, los congresales por distrito propondrían cuatro representantes por cada uno de ellos constituyendo una conducción de 96 miembros, que debería reunirse para designar un Consejo Partidario Nacional en un plazo establecido hasta el 15 de diciembre de 1985.  En el último día del Congreso, este cuerpo colegiado se reunió y se constituyó la nueva directiva partidaria: como Vicepresidente 1º Oraldo Britos, Secretario General José Manuel De la Sota, y los sectores sindicales que se integraron fueron los de la Comisión Nacional de los 25 y de la CNT, excluyendo de esa representación a las 62 Organizaciones a la que algunos sectores planteaban integrar a futuro como rama sindical peronista. 

Los factores que debilitaron e hicieron perder a la renovación partidaria fueron concurrentes. El principal, residió en la desconfianza que comenzó a generarse en los gobernadores que habían concurrido a Río Hondo ante la exclusión de la política de “puertas abiertas” o “renovación concertada” que había predominado en algunas consideraciones del congreso y que la conducción provisoria había dejado de lado. Al seleccionar la representatividad por gobernadores provocó que los principales distritos electorales del país no estuvieran incluidos, ya que Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, estaban gobernadas por el radicalismo y Santa Fe por un representante de la ortodoxia partidaria, o mejor dicho, de un aliado de las 62 Organizaciones, como era José María Vernet. Por otro lado, el interventor santiagueño del PJ bonaerense, Salim, en menos de un mes reconoció a la mayoría de Herminio Iglesias del Consejo Partidario Provincial, postergando la renovación necesaria a través de las urnas y dejando una situación de conflictos judiciales cruzados entre las dos partes en que estaba dividido el peronismo bonaerense.  Asimismo, en abril de 1985 se normalizó la conducción de las 62 Organizaciones y la CNT se integró a la misma, dejando solo al grupo de los 25 en la representación partidaria del congreso de Río Hondo. Esto exhibía la importancia que tenía la representación sindical en la conducción partidaria del peronismo.  Por otro lado, la derrota del Vicepresidente 1º, Oraldo Britos, en su provincia (San Luis), a manos de Rodríguez Saa poco después del Congreso, era otro gesto de la debilidad que demostró la renovación en la elección de las autoridades y simultáneamente, la definición del criterio de privilegiar las conducciones distritales del partido. Un perdedor en su distrito no podía ser conducción de una fuerza política que elegía priorizar lo distrital. 

Cuarto Congreso: 6 de Julio de 1985 Santa Rosa, La Pampa

Esta reunión expresó la debilidad del planteo de los congresistas de Río Hondo. Para explicar su fracaso citemos la visión crítica de un peronista de la Revista Unidos, Arturo Armada: “Durante los meses de abril, mayo y junio asistimos al espectáculo del desmembramiento político del riohondismo, a pesar de su triunfo jurídico y del impacto social que había alcanzado”. El autor avanza en la caracterización:  “El riohondismo se debilitó en un proceso de sucesivos desmembramientos. Había en el congreso de febrero tres grandes corrientes, dos de las cuales desembocaban en la necesidad de realizar la unidad del peronismo con el sector Odeón. Esas dos corrientes sumadas eran indudablemente mayoritarias en el nivel de los congresales nacionales. Lo cual no implicaba que fueran realmente representativas de una clara mayoría en el sentir de las bases del peronismo; pero tampoco puede afirmarse lo contrario. Es un aspecto sobre el que no vale la pena polemizar ya que únicamente la expresión de los afiliados, en elecciones directas, puede dilucidar la cuestión. Resolución muy contundente que temían no sólo los odeonistas, sino también buena parte de los participantes del congreso de Río Hondo. 

Justamente la tercera línea, que predominó en la conducción del consejo surgido en Río Hondo y fue quedando aislada (Britos, García, De la Sota) proponía una renovación auténtica que implicaba, como primer paso, la realización de elecciones directas en todo el país, con distrito único para elegir la conducción nacional. Y elecciones directas también en cada distrito provincial para autoridades locales y para candidatos a las legislativas.  Las otras dos corrientes eran por un lado, la que proponía una renovación concertada -cuyas expresiones relevantes fueron el luderismo y el grossismo- y, por otro, la de los caudillos provinciales, despojados de su influencia y de sus atribuciones en las “patoteadas odeónicas”. Los gobernantes y los jefes provinciales que perdieron en el 83 son, en buena proporción, dirigentes caudillescos de viejo corte señorial -aunque algunos no sean tan ancianos-. Saadi, el senador con hijo gobernador, es el mejor ejemplo de caudillismo ambiguo en lo político. Puede identificarse con el neoperonismo en vida de Perón, luego con la corriente montonerista liderando Intransigencia y Movilización, y dirigiendo el diario de Firmenich y finalmente terminar aliándose con Herminio para derrotar a los renovadores, con padrinazgo de Lorenzo.

Otros gobernadores o jefes sin gobernación están adscriptos al isabelismo ya sea mediante alianzas ferroguardianas -como Bogado [por Guardia de Hierro, agrupación de la que surgieron varios de los gobernadores peronistas de Formosa], Rodríguez Saa, Franco (Chubut) y Puricelli (Santa Cruz)- o con perspectivas tradicionalistas como Martiarena (Jujuy) y Riera (Tucumán). El resto podía ser más poderosamente renovador, siempre en el grado y momento que le conviniera, por supuesto.  De este modo existían casi tantos grados de renovación e intenciones de democratización como gobernadores o jefes provinciales hay. No es lo mismo Gioja (San Juan) que Vairetti, ni Menem es igual a Juárez. Semejante mosaico de cabezas provinciales con diferentes concepciones sobre las necesidades del P.J. -y sobre todo con disímiles intereses locales- más una masa de dirigentes intermedios con propuestas divergentes entre renovadores concertados, y de los otros, es el que hizo crisis y fue dominado por la alianza de lo peor del peronismo (que estaba en el Odeón) con lo peor de Río Hondo (Saadi, Triaca, Julio Romero [Corrientes], Riera, etc). 

Los efectos de la tormenta de Santa Rosa: una conducción que simboliza al peronismo imposible, compuesto por figuras irritativas y desprestigiadas, desde las apoyadas por Camps y aliadas con Galtieri hasta las elogiadas calurosamente por Firmenich. Esto no es sólo el cambalache de 'Carnera y San Martín' sino algo mucho más grave: es el peronismo de la violencia, del autoritarismo y de los que luchan por el poder sin ética ni ideología”7.  La visión crítica que transcribimos ejemplifica y describe la sensación que se percibía en gran parte de la militancia peronista. La necesidad de no aceptar la unidad, ya que la misma servía a los intereses de los sectores que habían representado la ortodoxia más vacía y repetitiva del peronismo. Pero a su vez, refleja que el Congreso expone y da cabida a las diversas tendencias ideológicas que iban atreviéndose a aparecer en el seno del peronismo. Las referencias a sectores que han dado un respaldo a Galtieri, surge de un representante del nuevo Consejo partidario proveniente de la ex Guardia de Hierro, Gurioli, que organiza un acto donde concurre la mujer del ex presidente de facto y se lo vitorea, en el tercer aniversario del 2 de abril. La designación de un representante juvenil como Aníbal Rucci, también demuestra la vocación de recuperar un protagonismo sectorial para pretender controlar a un sector del peronismo desde una perspectiva del pasado y no del presente.

Todavía se pensaba a los sectores internos desde la lógica de la década del 70 o desde expresiones que definían al peronismo como una mayoría inmutable, que había sido derrotada por una circunstancia fortuita y única.  Es gráfica la descripción que hace Armada de la nueva conducción partidaria:  “Pasemos lista en esta conducción nacional. ¿Isabel, la silenciosa? ¿Saadi, el león de las líneas duras, gran derrotado televisivo en noviembre de 1984 por la consulta sobre el Beagle? ¿Triaca, uno de los dirigentes gremiales más repudiados de los últimos tiempos que ni se animó a dar la cara ante 200.000 concurrentes en el acto del 23 de mayo? Pero, a cambio de estas pequeñas limitaciones de Isabel, Saadi y Triaca, tenemos al bueno de Herminio, que puede hablar en cualquier cuartel o en la Sociedad Rural y hasta escribir en La Prensa, sin que lo silbe ningún milico, sin que los toros mujan y sin que Gainza Paz resucite. Está Rodríguez Saa, el brillante doctrinario que afirma que el movimiento es como una mesa y el partido como una taza de café y, claro, ¡todo lo que cabe en la primera no entra en la segunda! ... Este senador pinta como el pensador del Consejo”8. 

En este congreso se comprueba la desintegración de las fuerzas renovadoras, por la puja interna y la ausencia de nuevas elecciones para convalidar mandatos partidarios.  Se restaura la conducción ortodoxa y comienza la expresión electoral diversa del PJ para las elecciones de renovación de diputados nacionales del 3 de noviembre de 1985. El peronismo concurrirá dividido en tres alternativas, por un lado, constituyendo Frentes Justicialistas de Liberación (anacronismo de la década del 70), es decir, los FREJULI, promovidos por la conducción nacional ortodoxa. Por otro, yendo solos, como PJ, acción promovida fundamentalmente por los gobernadores que no se sumaron al estrecho círculo que controlaba al partido. Por último, el peronismo renovador concurrirá como Frente de la Justicia, la Democracia y la Participación, FREJUDEPA, cuyas tres siglas son JDP, es decir, Juan Domingo Perón, en la Provincia de Buenos Aires. El “referente” del sector era Antonio Cafiero que participó como primer candidato a diputado nacional, rompiendo así al partido de hecho, desde el momento que el secretario general partidario electo por el congreso de La Pampa, Herminio Iglesias, anula la convocatoria a las elecciones internas en la provincia de Buenos Aires en función de ser autoridad del distrito, que estaba fijada para el 25 de agosto de 1985. 

En el distrito de Capital Federal, ya había triunfado la renovación en las elecciones internas realizadas en agosto de 1985, obteniendo la minoría partidaria el sector de las 62 Organizaciones y sus y aliados; la candidatura a diputado nacional del sector renovador era la de Carlos Grosso, y, curiosamente, por el alineamiento del PJ de la Capital con el sector disidente de la provincia de Buenos Aires, la minoría rompe electoralmente al partido, y Julián Licastro, primer candidato de la lista de las 62 en la interna, concurre en una alianza electoral con el MID y el FIP (la agrupación partidaria de Abelardo Ramos, fuertemente opuesto a la renovación peronista y jugado mucho más con la UOM), junto a Antonio Salonia. Mientras el PJ ya renovado, consigue el 23% de los votos emitidos en la Capital Federal y coloca tres diputados nacionales, el sector ortodoxo de Julián Licastro y el MID, no colocan ningún diputado, sacando curiosamente casi la misma cantidad de votos que habían conseguido para la elección interna, es decir, cerca de 16.000, mientras que el PJ se acerca al medio millón de votos positivos. 

En la Provincia de Buenos Aires, el FREJUDEPA logra triunfar el 3 de noviembre en cuanto representación del peronismo, mientras que el oficialismo ortodoxo de Herminio Iglesias logra casi 500.000 votantes, con boletas electorales donde constaban los símbolos propios: Perón, Evita, el escudo partidario. 

A partir de este momento, quedan resueltos algunos problemas y se crea otro. Entre los que se resuelven debemos incluir que la renovación tiene los votos en el interior del peronismo, reflejado en el triunfo de estos en aquellos lugares donde se realizaron elecciones internas, y que ese respaldo de los afiliados expresa también el hecho de que las candidaturas renovadoras tienen mayor capacidad de lograr adhesiones electorales, sin todavía recuperar el caudal electoral de 1983 pero con una capacidad de concitar la adhesión de electores y al mismo tiempo, de la posibilidad de ampliar su convocatoria frentista. La paradoja de la ortodoxia partidaria, era que reivindicaba una retórica frentista pero su discurso político lo alejaba de lo que podía constituir la construcción de un frente con capacidad de convocatoria. Lo único que hacía era recuperar el ritual sin contenidos del peronismo del 73, pero no el de la épica y la transformación social, sino el más acotado a una visión burocrática.  El problema que se creó a partir de noviembre de 1985 fue el de la resistencia de la autoridad partidaria a resignar poder interno ya que preveía una posibilidad bastante cierta de sufrir una derrota electoral interna y sólo podría salvarla de una externa para 1987, volver a declamar la necesidad de la unidad, pero luego de una demostración de fuerza renovadora que llegó inclusive a la ruptura partidaria. Por otro lado, a la renovación se le planteará la misma duda: cómo garantizar la unidad con predominio renovador para lograr acceder a la mayoría de los distritos donde se elegía gobernador, además de la renovación parcial de los diputados nacionales. 

La renovación a partir de los triunfos en Capital Federal y en la Provincia de Buenos Aires fue consolidando su espacio, y desde el 21 de diciembre de 1985 Carlos Menem, Antonio Cafiero y Carlos Grosso, constituyeron una conducción referencial de la Renovación Peronista. Ese día se da a conocer el documento fundacional de la corriente que terminaba de organizar al sector. En la misma se determina que comienza una etapa de recuperación de métodos y procedimientos pero sobre todo se mencionaba que era el momento “de terminar con la confusión ideológica programática, discutiendo de cara al país y con el pueblo las propuestas que nos permitirán volver al poder”9.  Desde ese momento, la renovación aparecerá como una conducción alternativa donde figuran un gobernador desde 1983, y dos diputados nacionales que asumieron sus bancas en diciembre de 1985. La reivindicación inmediata giró sobre la modificación de las autoridades partidarias, pidiendo la renuncia del Consejo Nacional Partidario, el llamado al Congreso partidario, la modificación de la carta orgánica y la elección directa de las autoridades partidarias tomando como distrito único al país; asimismo debía concretarse la realización de elecciones en los cuatro distritos electorales intervenidos, como eran Buenos Aires, Córdoba, Jujuy y Río Negro; eso significaba desprenderse de manera definitiva de los congresales surgidos de las elecciones internas previas a la salida electoral.  A partir de la reunión de los primeros meses de 1986 Menem, Cafiero y Grosso, fueron acompañados por un secretariado donde figuraba el Presidente de la bancada renovadora de la Cámara de Diputados de la Nación, José Luis Manzano (Mendoza), José Manuel De la Sota (Córdoba), Oraldo Britos (San Luis) y Roberto García, Secretario General de la Comisión Nacional de los 25. 

La relación entre la cúpula partidaria del Consejo Nacional y el secretariado o referentes de la renovación tuvo distintos aspectos. Coincidían en los respaldos a los paros convocados por la CGT unificada, también a sus iniciativas de concertación política; generalmente ambos grupos se reunían cuando había algún visitante extranjero como fue el caso del presidente peruano Alan García, además vinculado a una política que el peronismo visualizaba como distinta a la seguida por Alfonsín. También se encontraron en cumbres para encarar los problemas pendientes como la normalización de los cuatro distritos intervenidos. Pero siempre se produjo una confrontación donde el eje de la propuesta era la de exigir la renuncia del Consejo partidario y la posterior elección de nuevas autoridades a través del voto directo de los afiliados. 

En la cumbre del 3 de marzo de 1986 entre Saadi, Triaca, Alberto Rodríguez Saa y Zapata, por el Consejo Nacional, y Menem, Cafiero, Grosso y García, por la renovación, los acuerdos alcanzados demuestran el largo camino que se iniciaba para la normalización partidaria. Se abandonaba la lógica de la autoconvocatoria de los congresales y se coincidía con la conducción partidaria en avanzar en la normalización de los distritos intervenidos, llamando a un nuevo congreso partidario y posterior elecciones directas para elegir candidatos y candidaturas para las elecciones de 1987. De ahí en más, un largo forcejeo de voluntades acerca de las fechas de normalización, los interventores, sus propuestas de tipo de elección, ocuparán gran parte del año y demostrará la dificultad del peronismo para lograr modificar su conducción y línea política.  ¿Qué obtenía el oficialismo partidario? “Por supuesto que, aun en retirada, el eje de conducción 'Saadi-62 Organizaciones' tiene su estrategia, si no de perdurabilidad en las actuales condiciones, de gravitación sobre el futuro partidario. Es obvio que el primer objetivo es evitar que los renovadores asuman el poder partidario, pero para ello debe dar una imagen de renovación y jerarquización, evitando que se los identifique con 'la patota'.

El hecho de haber separado de la secretaria general del consejo a Herminio Iglesias testimonia el deseo de establecer una diferenciación con el pasado reciente del Justicialismo. “Principalmente las 62 Organizaciones han visualizado a Italo Argentino Luder como la figura que, a partir de su jerarquía política y del hecho de no haber descendido a mezclarse en las rencillas domésticas, sería capaz de asumir la conducción nacional del justicialismo...”10.  Este comentario expresa otra intención de los sectores ortodoxos del PJ: imponer un presidente del partido que contuviera la unidad sin cambios, como podía expresar el que había sido el candidato a presidente aceptado por todos. Pero también podía indicar una vocación para preservar espacios dentro de un partido que ya sabían que marchaba hacia una renovación de métodos y de discursos. 

La corriente renovadora realizó su primer congreso constitutivo como línea interna en Parque Norte, ciudad de Buenos Aires, el 22 y 23 de marzo de 1986. Comenzaba la lenta negociación con el sector ortodoxo para lograr convocar a elecciones internas con determinadas garantías de objetividad. Enseguida se desarrollaron dos líneas: aquella que comenzó cada vez más a aceptar la lógica de la unidad, y que fue sintetizándose en Menem, y la que prefería pujar desde una identidad definida, sin llegar a la coalición indiscriminada con el sector ortodoxo, mas bien planteando su subordinación o separación de los sectores visibles del peronismo.  En un acto en Plaza Once en mayo de 1986, antes de definirse la candidatura de Cafiero a gobernador, hablaron los tres referentes renovadores: Grosso, Cafiero y Menem, este último en su discurso anticipa los rasgos de la estrategia que usaría en su campaña para las internas: reivindica el tema de la unidad, diferenciándose del discurso renovador que pretendía alejarse de un pasado que lo asimilaba a un peronismo repetitivo y ritual. En el marco de diferenciación con la cúpula ortodoxa del PJ, era obvio que el discurso renovador no hablaba de unidad en cualquier condición, reivindicaba la unidad para ganar en 1987 pero exigía nada menos que un necesario recambio de concepción, de dirigentes y de metodologías.  Menem, en cambio, ya comenzaba a priorizar un denominador común o un promedio dentro del peronismo, tendiendo un puente hacia el pasado que la Renovación sabía que no podía aceptar.

En todo caso, la unidad que pensaba era una unidad donde lo peor se subordinará o se alejará sin afectar el caudal electoral. Al mismo tiempo, el riojano comenzó el armado de Federalismo y Liberación, lo que prefiguraba el cisma dentro de la corriente renovadora que no le aportaría demasiadas huestes a Menem, ya que estas surgirán de las otras filas en la etapa de la interna. Pero también adelantaba que no tenía intenciones de resignar su candidatura presidencial, y, en el discurso de Plaza Once, lo dejó aclarado a los otros referentes. 

El tema de la unidad traía aparejada otra cuestión vinculada a las 62 Organizaciones y a los 25: la postura de los primeros de mantener el statu-quo, una actitud conservadora y de poca renovación. La cuestión se circunscribía sólo a cambiar las relaciones de poder dentro del peronismo sin cambiar al peronismo. No se planteaba introducir ningún tipo de transformación dentro de una estructura clave como era y es el movimiento obrero. Esto dicho desde la visión que reconoce en los 25 un intento, no logrado, de una renovación dentro de las estructuras gremiales. 

Quinto Congreso: Noviembre 1986, San Miguel de Tucumán, Tucumán.

Esta reunión del oficialismo partidario demuestra la vocación para intentar mantener una posición de fuerza dentro del partido ya decidido el proceso de normalización de los distritos intervenidos. Aparece como un proceso de consolidación de la alianza Saadi y 62 Organizaciones Peronistas. Las autoridades electas en el mismo, reflejan un peronismo pre renovación.  A partir de allí comienza un largo período de negociaciones entre las dos entidades, donde la renovación va ir avanzando lentamente en el control de los distritos principales del país.  Las elecciones internas en la Provincia de Buenos Aires se produjeron el 16 de noviembre de 1986, quedando definido el liderazgo de Antonio Cafiero como referente principal de la renovación en el ámbito nacional. En actos previos, se utilizaba el rango del político como factor para indicar su orden de prelación en la estructura de la línea interna. Por ello Carlos Menem era la superior instancia y cerraba la lista de los oradores de los actos por su condición de Gobernador desde 1983, mientras que Antonio Cafiero y Carlos Grosso, sólo eran diputados nacionales desde diciembre de 1985.

De manera que la elección de Cafiero en la provincia de Buenos Aires se convertía en un factor relevante al interior de la renovación.  En esas elecciones internas de la provincia de Buenos Aires, donde estaba en juego la candidatura de Cafiero a presidente del PJ, Menem desembarcó con su línea interna Federalismo y Liberación, confrontando con el referente bonaerense. Lo curioso es que en su estructura, Menem recoge los restos de sectores que respondían a Herminio Iglesias. En el mismo sentido, decide optar sólo por la rama gremial de las 62 Organizaciones. Si antes el polo de unidad estaba representado por Miguel, ahora Menem decidía reemplazarlo con su persona, y desde ese concepto de unidad comenzará a dar la batalla contra sus antiguos compañeros renovadores.  “Herminio Iglesias no sólo había sido expulsado del Consejo Nacional por los mismos que lo habían otrora designado, sino que tampoco presentaría lista propia en las postergadas internas de noviembre de 1986 y finalmente fundaría un partido propio con vistas a las elecciones generales de 1987.

La renovación se había impuesto en el 75% de los distritos provinciales en las sucesivas elecciones internas que se fueron produciendo entre 1985 y 1987”11.  Y agrega luego: “En el caso de la provincia de Córdoba, sucedía algo similar entre la renovación presidida por José Manuel De la Sota y la ortodoxia de Raúl Bercovich Rodríguez y recién pudieron realizarse las elecciones internas en abril de 1987 con un aplastante triunfo de De la Sota con más del 80% de los votos emitidos a su favor”12.  El proceso de normalización interna, tuvo dos rupturas que no se resolvieron en las elecciones de 1987: la de San Luis y la de Neuquén. Oraldo Britos, se enfrentó a Rodríguez Saa, y mantuvo una identidad partidaria enfrentada al oficialismo provincial, y lo mismo hizo el diputado nacional Oscar Massei en su provincia.El camino hacia las definiciones renovadoras comenzó en los discursos y planteas del sector y sus referentes y en los encuentros de dirigentes y militantes: Parque Norte de marzo y mayo de 1986, La Falda de mayo de 1987, Bariloche de junio de 1987 y Tucumán de julio de 1987.

En ellos se fue definiendo el pensamiento político renovador en términos de constituir una base programática novedosa del Peronismo.  Las elecciones nacionales del 6 de septiembre de 1987 confirmaron la presencia de la renovación como fuerza pujante y arrolladora. Dichas elecciones, además de golpear fuertemente al gobierno de Alfonsín, convierte a Antonio Cafiero en gobernador de Buenos Aires, a José Octavio Bordón (proveniente de Convocatoria Peronista) en el de Mendoza, a Jorge Busti (militante del movimiento estudiantil integralista de Córdoba y protagonista de los sucesos de 1969) en el de Entre Ríos, quedando únicamente Río Negro y Córdoba como provincias de la UCR. Ese triunfo se había logrado manteniendo unido al peronismo; no existieron rupturas, entre otras cosas, por el realineamiento convocado por Menem, que planteaba, de hecho, una posrenovación.  La alusión a la unidad, que con respecto a la renovación era un mensaje diferenciador, se iría a traslucir en el afiche que, el día posterior a la victoria de Cafiero, aconsejaba desde las paredes de la ciudad de Buenos Aires: “Ahora más que nunca unidos y con Menem”. Era una apuesta a la unidad, mientras ésta estuviera sintetizada en él. Este concepto de unidad mantendría su vigencia en tanto y en cuanto significara una sumisión de los demás referentes hacia su figura.La Renovación alcanzará por último la conducción del Partido recién en enero de 1988.

A fines de diciembre del año anterior se completa la lista unidad que tendría que competir en elecciones internas para ser aprobada. El 30 de diciembre se concreta la oficialización de la Lista Unidad. Cafiero como Presidente del Partido reemplazando definitivamente a Isabel Perón, el Vicepresidente neto era el gobernador de La Rioja, Vernet como vicepresidente 1° expresa la inclusión de las 62 Organizaciones pero con un vicepresidente 2°, Roberto García, de los 25. Grosso como Secretario General y De la Sota como Secretario Político. Un dato relevante: solo una provincia no participa en la Lista Unidad, es Corrientes que había sido intervenida. La corriente nacional coexiste de manera endeble con la representación federativa propia del sistema político que se había reforzado a partir del gobierno de Alfonsín. 

Un elemento simbólico nada desdeñable: la lista fue proclamada en una conferencia de gobernadores peronistas el último día del año. Ante la ausencia de competidores relevantes, la Lista Unidad es confirmada como autoridad partidaria en otra reunión de gobernadores, esta vez en la ciudad de Mar del Plata, el 8 de enero y la conducción asume el 10 del mismo mes. El reforzamiento de las provincias tenía que encontrar un canal de expresión. La bifurcación de la renovación: menemismo y cafierismo Sería interesante detenerse a analizar porqué Menem descarta la posibilidad de construcción partidaria movimientista que existía en la Renovación, y decide encarar decididamente una estrategia declamativamente movimientista.  “La primera aproximación al tema podría consistir en una tendencia de Menem a eludir cualquier tipo de confrontación o debate de ideas que es el terreno donde se siente más débil. La jugada fuerte siempre consistirá en centrar todas sus posibilidades en su fuerte carisma personal, en la seducción que puede ejercer su figura. Su liderazgo está casi absolutamente circunscripto a sus condiciones histriónicas, y el cuerpo de ideas que mantiene, por carencias personales, no puede exponerlo a la consideración de un debate.

Si tenerlos en cuenta que lo que la Renovación se planteaba, al margen de la sustitución de hombres y metodologías, era una actualización doctrinaria que tendría como eje principal repensar al movimiento sin su líder, la nueva etapa de la institucionalización, la practica política a partir de la aceptación de la muerte de Perón y de la primera derrota electoral, la sola mención de estos tópicos, y la supuesta confrontación de ideas a partir de ellos, debería aterrorizar a Menem. Si bien es cierto que la Renovación no alcanzó a cumplir con los objetivos de recambio doctrinario y apenas llegó a experimentar algún que otro exorcismo, no menos cierto es que tenía cuadros políticos capaces de dar dura batalla a la confrontación de ideas. No podía exhibir lo mismo el menemismo, y ni su propio jefe estaba para tales bailes”13. 

En la interna también queda prefigurado el fenómeno de travestismo político del que hace gala Menem. De referente renovador que fue, recorre todo el arco político que lo deposita en el estadio de River donde en un multitudinario acto queda sellada su alianza no sólo con las 62 Organizaciones, sino también con los representantes de los “15”.  “Este llamado a la unidad lo lleva a manejar un discurso vacío con dos objetivos clarificados:1)     La lectura de la correlación de fuerzas; la suma indiscriminada de sectores para que resulten útiles a su armado político, y2)     El encuentro de un contenido discursivo.  Por ambos motivos, esta postura prefiguraba la posibilidad de la incorporación de cualquier política.  ¿Quiénes aceptan dentro del peronismo esta política de unidad?

1)     Los que se sienten identificados con tal planteo. Los que coinciden con la idea de un caudillo, de la representación del interior en el máximo poder político. Los que desconfiaron desde siempre de la Renovación y sienten, como más auténticamente peronista, las metodologías movimientistas de Menem. Se podría llegar a definirlos como poseedores de una visión estática del peronismo, anclados en los años '40. Se enamoran más de la forma que del contenido real, y presuponen que Menem es la expresión de un peronismo menos 'blanco' y menos 'clase media'. Suponen que eso es una auténtica legitimación del peronismo, como si éste fuera una estructura antisistema que necesitara romper las formalidades el “establishment” que había impuesto el alfonsinismo.

2)     Los que hacen una lectura eminentemente política, y evaluaban que era más sencillo llegar a Menem que a Cafiero. Un ejemplo concreto seria Barrionuevo: era imposible para éste ingresar en el cafierismo, porque, entre otras cosas, Cafiero disponía de la estructura gremial de los 25. Además hay una lectura del poder carismático del caudillo, que es una lectura desideologizada y formadora del mito-Menem.

3)     Los que no tuvieron cabida dentro del cafierismo aunque hayan deseado tenerla. No son de la primera hora pero, en algunos casos, fueron aportes valiosos. El ejemplo más contundente es el de las 62 Organizaciones. A pesar de la historia que tuvieron en común con Cafiero, a quien consideraban un hombre del riñón sindical, no pudieron entrar en su dispositivo por el discurso mismo del gobernador de la provincia de Buenos Aires.4)   

La mayoría de los Montoneros (había un sector minoritario que respaldó a Cafiero) observó y evaluó que el menemismo era un sector fácilmente cooptable, mientras que la 'cafieradora' era más inexpugnable.  Con la sumatoria de todos estos factores se puede afirmar que la vacuidad en el discurso menemiano, tornaba a ese sector en un polo aglutinante de heterogeneidades. Desde los Montoneros hasta las 62, pasando por gente que había 'abrochado' con el Coti Nosiglia o con Seineldín, todos se mezclaban tras la retórica vacía del riojano”.14   “Ante la interna del 9 de julio de 1988, hubo una larga y costosa negociación entre la Renovación y el menemismo. La hipótesis que giraba en ese momento era: por la mayoría de los distritos, que eran de la Renovación, y aún los más relevantes electoralmente (Cap. Fed. y Prov. de Bs.As.), se sabía que la estructura pertenecía a Cafiero.

Era obvio suponer que el triunfador iba a ser el que controlaba el aparato partidario, el que era presidente del PJ, el que era gobernador del principal distrito, el que más adhesiones recibía del conjunto de gobernadores peronistas. El tema consiste en analizar cómo hizo Menem para neutralizar semejante poder. Y aquí aparece el mecanismo del chantaje que utilizó el riojano para “apretarlo” a Cafiero. La carta más fuerte del chantaje consistía en pedir ciertas condiciones que, si no eran cumplidas, iban a derivar en una ruptura de Menem con el PJ y la posterior presentación por afuera de las estructuras del mismo. Ante la sospecha de que el aparato partidario pudiese romper con el carisma de Menem, ésta amenazaba romper con el PJ. En Cafiero este mecanismo no existió. Menem se reservó la amenaza de dividir al peronismo y “entregarle” la elección a la UCR.  Con esta metodología Menem consigue separar de la elección de presidente y vicepresidente, cualquier elección referida a otro tipo de cargos. Es decir: separar esa elección de la de diputados nacionales, concejales, consejeros vecinales, etc. Lograba que el entramado de punteros no se sintiera comprometido a secundar a Cafiero: rompía el aparato partidario horizontalmente. La épica que se tejió alrededor de esta maniobra afirmaba que la “gente” había desbordado el aparato.

Estas metodologías demostraban que Menem no se detendría ante nada para llegar a la presidencia. Si hubiesen tratado de impedirlo, él habría utilizado la táctica de la tierra arrasada: “si no llego yo, que no llegue nadie”, parece que pensaba Menem hacia el peronismo. Prefería que alguien de la “otredad” (Angeloz), y no un peronista, ocupara el sillón de Rivadavia ante el infortunio de no poder ocuparlo él. Curiosa forma de entender las causas colectivas”.15 

La derrota de Cafiero

Las fórmulas enfrentadas serán las de Cafiero-De la Sota y Menem-Duhalde. Esto definió un perfil muy particular a la contienda: la primera de ellas tendió a expresar la tradición peronista como fuerza de cambio y de justicia social pero ubicándola en un nuevo momento histórico; la segunda, era más la reafirmación de la unidad partidaria o movimientista y con un fuerte discurso de reivindicación social y poca vocación de renovación doctrinaria ideológica.16 

Sería interesante tratar de desentrañar lo que ocurrió con esa diferencia de 120.000 votos que hubo en la elección interna del peronismo el 8 de julio de 1988. La primera aproximación es que aquella elección no demostró que la base social histórica del peronismo, su clase obrera industrial, había derrotado a la opción “socialdemócrata” de la Renovación.

Hubo claramente dos proyectos que perfectamente anclaron en el peronismo, y que dividieron en dos partes casi iguales al electorado. No hubo una base social que el menemismo logró rescatar; esa base social estaba repartida entre las dos opciones.  Asimismo, sería equivocado afirmar que Menem no es un típico producto peronista, es, sobre todo, la expresión acabada de muchas de las deficiencias y limitaciones de esta fuerza política. Para abarcar más este concepto podríamos señalar que la Renovación fue un intento insuficiente para expresar la mejor tradición peronista. Sus propios condicionantes internos terminaron por limitar el proyecto.

En una visión particular, Menem expresaba lo que había “quedado afuera”, y, en ese sentido, su candidatura no enamoraba a vastos sectores que tenían otra idea y otra proyección del peronismo.  Producida la derrota interna de Cafiero en julio de 1988, comenzó la negociación de dos fuerzas muy parejas electoralmente. Hay que tener en cuenta que la Renovación controlaba una importante cuota de poder: la mayoría de las gobernaciones, la casi totalidad de los legisladores, las estructuras partidarias, incluyendo el Consejo Nacional Partidario.

A esto habría que agregar que también controlaría el Congreso Nacional Partidario, que tendría la responsabilidad de la factura de la plataforma con la que Menem enfrentaría las elecciones. Una simple lectura de la correlación de fuerzas inducía a pensar que el menemismo estaba obligado a negociar con los renovadores.  Estos primeros contactos entre los dos sectores se producirían luego de los duros enfrentamientos de las internas, donde el intercambio de epítetos había catalogado a Cafiero como “socialdemócrata” y “pro-alfonsinista” y a Menem como un “mago improvisado”.  Con este clima, José Luis Manzano, intentó iniciar las negociaciones circunscribiéndolas a la mecánica de la transacción de bloque a bloque, situándolo a Antonio Cafiero en la posición de “jefe” de una de las partes negociantes. Es decir: era necesario construir una “mesa chica” para el acuerdo, entendiendo por ella el ámbito donde se acuerdan los principales temas, que después serán derivados a un espacio mayor que los legalice, y que la Renovación tuviera su bloque para comenzar a negociar con el menemismo “unificando personería”, o sea, estableciendo interlocutores válidos y conocidos. El planteo de Manzano intentaba establecer una jerarquía dentro de la Renovación, que, probablemente, lo incluyera junto a hombres como Grosso o De la Sota. 

Este intento fracasó por varios motivos. Uno de ellos es parte de la actitud del propio Cafiero, su lenta recuperación ante la derrota sufrida que lo pone al servicio del triunfador, y los intentos de Grosso y De la Sota por jugarse en la búsqueda de consenso dentro de las filas menemistas. La lectura que hacen estos dos últimos les indica que no hay tiempo para perder en una coherentización de la renovación, para que negocie como bloque, y se lanzan por las suyas a esta empresa. La lógica de jefe de distrito en estos dos casos también es diferente, Grosso necesitaba legitimarse para ser futuro Intendente de Buenos Aires, designado por el Presidente hasta la reforma constitucional de 1994, y De la Sota, necesitaba ratificarse como candidato a gobernador en su provincia para el año 1991. Ambos, que recientemente habían construido su referencia distrital (1985 y 1987 respectivamente) no podían ser arrollados por el huracán Menem.  En este sentido a Menem se le facilita la reestructuración del peronismo, porque comienza a recibir a los primeros adelantados de la renovación. En términos generales, por cooptación se entiende la capacidad de un grupo de seleccionar al que va a incorporar en su seno, y mantenerlo controlado dentro de los lineamientos que el mismo grupo se da para que éstos no provoquen modificaciones sustanciales.

La cooptación personalizada de los desgajamientos renovadores le allana la tarea a Menem, puesto que es más conveniente negociar de a uno, que negociar con la renovación en su conjunto que tenía una fuerza estructural importante. Además, esta forma le permitía controlar la estructura partidaria donde Menem no tenía absolutamente ningún peso.  La cooptación no sólo obedece a una política menemista, sino que también encuentra explicación en la metodología de quienes deducen con que siempre es conveniente estar en el bando de los ganadores. Esto es parte también de la decisión de ciertos dirigentes de “salvar” su posición personal, en la creencia de que si no lo hacen ya vendrán otros de su mismo sector para conseguir el acuerdo que ellos desperdiciaron.Los endebles equipos técnicos del menemismo comienzan a recibir, una vez aclaradas las aguas electorales, el aporte de quienes habían trabajado para la Renovación.   

Notas

1 Para este cálculo tomamos en cuenta el Congreso de septiembre de 1983 hasta la proclamación de Cafiero como presidente del Partido en enero de 1988.

2 Los mismos fueron: Santa Fe, Chaco, Formosa, Salta, Jujuy. Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, San Luis, La Rioja, La Pampa, Chubut y Santa Cruz.

3 Antonio Cafiero: La crisis justicialista. Clarín, marzo 1985. En Antonio Cafiero: Testimonios del 45 y del 2000 también. Bs. As. Nuevo Hacer - Grupo Editor Latinoamericano. 1995. Pág. 42.

4 Antonio Cafiero: Obra citada. Pág. 43.5 Idem.6 Idem.

7 Arturo G. Armada: “Hondeon de la Pampa: juntos somos menos”. En Unidos N° 6 Bs. As. agosto 1985. Pág. 13,15 y 16.

8 Idem. Pág. 17.

9 Antonio Cafiero: Obra citada. Pág. 53 y 54.

10 Antonio C. Morere: “Peronismo cuadro de situación”. En diario Clarín 9 de marzo de 1986. Pág. 8

11 Diego R. Guelar: El pueblo nunca se equivoca (Los dirigentes a veces si...). Editorial Sudamericana. Bs. As. 1988. Pág. 91

12 Idem. Pág. 96.

13 Hugo Barcia y Norberto Ivancich: La traición de Ali Baba. Bs. As. Baires Edita. 1991. Pág. 36 y 37.

14 H. Barcia y N. Ivancich: Obra citada. Pág. 40 y 41.

15 Idem. Pág. 41 y 42.16 Para esta parte final se ha tomado básicamente el texto citado pero sintetizándolo, en sus capítulos 2 a 4.

 

 
< Anterior   Siguiente >
BlueBusiness by luka@kujawa.biz