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Los valores éticos y la economía global PDF Imprimir E-Mail
escrito por Oscar Raul Cardoso   

Publicado en Clarín el 23-12-08

Acceso al artículo en la página del diario: http://www.clarin.com/diario/2008/12/23/elmundo/i-01827507.htm

 

La crisis económica internacional es hoy como un súper huracán que voltea todo a su paso, desarraiga gente y naturaleza por igual y hace desaparecer todo, desde grandes empresas hasta organizaciones de caridad.

Esto último es explicable: la generosidad se reduce al mismo paso que el ingreso.

Pero quizá haya más de una lección para aprovechar en esto de la caridad. En Estados Unidos, al menos, las nominaciones evangélicas están informando que tanto la asistencia a sus servicios religiosos como las donaciones han crecido en estos tiempos de desolación económica.

No hay una explicación cabal para esto, sobre todo porque otras instituciones dedicadas al bien común se han deslizado a la quiebra y cerrado sus puertas.

Pero conviene tener presente un estudio de la Universidad Estatal de Texas que, concluido el año pasado, mostró que en cada crisis económica entre 1968 y 2004, los evangélicos se han robustecido ignorando en lo posible el lenguaje economicista y redoblando el discurso sobre los valores religiosos.

Quizá haya que pensar que éste y otros datos están enseñando el plazo intermedio para la crisis.

No son pocos los economistas que creen que el año 2010 dejará ver que lo peor del problema ha quedado atrás. Sin embargo, advierten, entre ellos el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, que si esa mejoría efectivamente sucede las cosas no regresarán a como fueron en los años 90 y en los primeros cinco años de este siglo.

En consecuencia, todo sugiere que la crisis demandará mucho más que los elefantiásicos paquetes de rescate y de estímulo que hoy le quitan el sueño a gobiernos, empresarios y trabajadores por igual.

Una recomposición de los valores éticos de los agentes económicos es una de las demandas a grito que ya ha planteado la crisis.

Uno de los escenarios donde podrá apreciarse si los cambios que se hagan son los correctos es el mercado laboral.

La lógica es que aun cuando la confianza de los empleadores se vaya restañando con los meses, el daño hecho a ese mercado será enorme. Algunas empresas estadounidenses están intentando evitar los despidos masivos a través de suspensiones sin goce de sueldos, de anticipar vacaciones, entre otros.

Si esta tendencia se consolida es posible que los problemas presentes no alcancen el dramatismo que tuvo en los años 30 -la Gran Depresión- pero si no lo hace el daño será enorme.

Y hay claro riesgo de un curso que sea distinto. Cuando corporaciones como Toyota se preparan a asimilar su primer déficit en 70 años (1.700 millones de dólares) el sentido común pierde su fuerza y las intervenciones quirúrgicas abren paso a las políticas indiscriminadas.

Pero hay otro elemento a tener en cuenta en esta crisis económica internacional. Algo que obliga a abrir los ojos es que la amenaza de la desnutrición -y todos los otros males que se le asocian- esté regresando para asolar economías antes blindadas del primer mundo como la italiana por ejemplo que, dicen los expertos, no conocía este peligro desde la Segunda Guerra Mudial.

 
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